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viernes, 8 de junio de 2018

Cuba tendrá periódicos en colores tras inicio de reconversión poligráfica




Tras la inversión podremos tener periódicos como esta edición especial del Periódico Granma. Foto: Archivo

Con el propósito de lograr un menor tiempo fabril, mejor distribución y periódicos en cuatricromía (en colores), desde el pasado 3 de mayo se ejecuta en la unidad empresarial de base (UEB) Gráfica Villa Clara un proceso de reconversión tecnológica.

El esfuerzo forma parte de un programa integral, que se prevé supere el año de duración, y que abarcará el resto de las entidades participantes en el proceso de edición, producción y distribución de la prensa en el país.

Esta primera etapa es la más compleja, pues la UEB Gráfica La Habana, al detenerse la de Villa Clara, ha asumido un alto volumen de impresión –al que tenía, se le suma el de la región central– correspondiente a las tiradas de Granma, Juventud Rebelde, Trabajadores y los periódicos provinciales del centro de la Isla.

El poligráfico habanero posee máquinas que datan de la década del 80 del siglo pasado, para las que ya no se fabrican piezas de repuesto y, de ejecutarse, resultaría muy complejo y costoso sustituirlas.

miércoles, 28 de febrero de 2018

Muchacho (a), busca estas sonrisas publicadas

Por: Víctor Joaquín Ortega

Remembranza de un libro útil para todos

Caricatura de Manuel González Bello realizada por Ares, y portada del libro Con una sonrisa, texto de la Casa Editora Abril que compila crónicas del periodista publicadas en el diario Juventud Rebelde

Vuelvo a disfrutar las crónicas que atesora Con una sonrisa, obra publicada por las Ediciones Mecenas de Cienfuegos hace bastantes años, digna de una reedición. Y me digo: los periodistas, especialmente, debieran leer y releer estas creaciones; sobre todo, los más nuevos y los estudiantes que sueñan con ir mucho más allá de la noticia sin despreciarla. Escribo noticia y no informe o especie de gacetilla a partir de un hecho que no reúne los preceptos del género: interés general y actualidad, condenados a ser consumidos solo por varios dirigentes del periódico, el corrector, algunos funcionarios, y, si acaso, al vistazo huidor de la mayoría, sin pasar del título de la ¿información?

¡Cómo gozan y, a la vez, se alimentan los lectores con este libro! Esto es periodismo del bueno…Mientras lo expreso siento al mi lado a su autor, Manuel González Bello (Ciego de Ávila, 1949- La Habana, 2002) Se está burlando de mi entusiasmo por sus escritos, mueve la cabeza, sonríe y me endilga un exagerado y me acusa de ciego por quererlo en exceso. Oigo su “No es para tanto, hermano, afloja…” Le respondo:

“Déjame seguir; vale la pena”. Su clásica alegría triste gana sus labios antes de soltarme: “Allá tú y Calvino…”

lunes, 5 de septiembre de 2016

Los árboles, el bosque y el periodismo nuevo


Por Raúl Garcés

Vladimir Ilich Lenin encarnó como pocos el espíritu dialéctico de la Revolución de Octubre. Tal vez por eso, al organizar un mo­delo de prensa obrera que expandiera las ideas de la nueva época, admitió la publicidad como fuente de ingreso en los periódicos. Nadie menos interesado que él en favorecer los negocios de los propietarios privados, pero al mismo tiempo, nadie más urgido de contar con medios de comunicación vigorosos y económicamente sostenibles.

Cuando algunos sugirieron una resolución para prohibir la publicidad en Pravda, se cuenta que el líder socialista reaccionó de modo categórico: “¿de dónde sacará Pravda el dinero si le privan de sus anuncios?”

Para la misma fecha en que Lenin ejercía su réplica, la prensa norteamericana había hecho de la publicidad su principal fuente de financiamiento. La segunda mitad del siglo XIX y las primeras décadas del XX vivieron la euforia de los anuncios como sustento de los periódicos modernos.

Periodismo e insolidaridad

Carlos Fernández Liria

Habría que ser un gran antropólogo para entender el escándalo desatado por los medios de comunicación a raíz de las declaraciones de Pablo Iglesias en el acto de la Universidad Complutense. Lo que más me ha sorprendido es que los periodistas que no han parado de rasgarse las vestiduras parecen sinceros. Los escucho y creo de verdad que se creen lo que están diciendo. La capacidad del ser humano para creerse sus propias mentiras es, a veces, un misterio insondable. Yo no le encuentro explicación. ¿Qué dijo Pablo Iglesias? Dijo que los medios de comunicación tenían una línea editorial y que los periodistas que querían destacar en ellos no tenían más remedio que plegarse a ella. Y esta evidencia se considera un insulto intolerable al periodismo y un ataque contra la libertad de expresión. Lo que me ha extrañado, insisto, no es que se diga esto, sino que quienes lo dicen parece que se lo creen de verdad.

Hay que comenzar por decir que hay algo muy insolidario en los periodistas que han levantado el escándalo. Insolidario y desleal con sus propios compañeros periodistas. Los periodistas que están trabajando instalados en los medios de comunicación no son los únicos periodistas de este país. Hay millares y millares de periodistas sin trabajo, que no encuentran sitio en los medios precisamente porque no están dispuestos a plegarse a las exigencias de los medios que, al fin y al cabo, son empresas privadas que pueden despedir y contratar a su antojo, en virtud de sus propios intereses (o medios estatales intervenidos gubernamentalmente, lo que es igualmente innegable y tiene los mismos efectos). Cuando los periodistas con trabajo reaccionan como han reaccionado, como si ellos fueran los dueños de la profesión, están pisoteando y silenciando la voz de todos los periodistas en paro, muchos de ellos magníficos profesionales que han demostrado su valía en medios marginales y en las redes porque jamás se les ha ofrecido ni se les ofrecerá trabajar en ningún medio de comunicación privado o estatal. Hay que decirlo bien claro y bien alto: en este país padecemos la forma de censura más brutal y salvaje que se puede concebir. Aquí no hacen falta las tijeras franquistas. Hay un sistema de censura mucho más eficaz. Sencillamente, todos los periodistas a los que habría que censurar, están en paro. Hay algunas excepciones, algunos profesionales que han logrado mal que bien mantener su trabajo y su independencia, pero la norma es ésta. Y para los que están trabajando, el temor al despido o a arruinar su carrera periodística pesa sobre ellos como la forma más salvaje de censura que se puede imaginar.

domingo, 22 de noviembre de 2015

Cristina Escobar, la fuerza de la juventud en la Revolución cubana: impresiones de una charla en Donostia-San Sebastián


Cristina Escobar/Fotos Virgilio Ponce

Por VP/Fotos Virgilio Ponce - Martianos-Hermes-Cubainformación.- El miércoles tuvimos el privilegio de ver en Donostia-San Sebastián a la joven periodista cubana Cristina Escobar* que recorre el Estado español. Digo privilegio y lo reafirmo, esta joven que domina la palabra nos comunicó de manera sencilla y clara, en algunos momentos con ejemplos, lo que pasa en Cuba hoy y lo que se hace por avanzar a pesar del bloqueo de los EE.UU., el cual continúa aunque se abrieran embajadas en La Habana y Washington.

Cristina nos habló de la juventud, de la agricultura, de economía, del transporte, de la emigración… y de las insuficiencias y realidades informativas en momentos de profundos cambios en el modelo nacional para ir hacia un modelo que profundice la investigación, la denuncia, la crítica y el debate, respondió las preguntas y comentarios de manera segura, dejándonos satisfechos a todos.

Pensábamos que era mayor por el dominio que tiene de la historia, de la actualidad cubana e internacional, por su experiencia profesional y nos asombramos al saber como ella misma nos dijo "que creció con el Periodo especial".

Vimos en ella la fuerza de la Revolución cubana, de su juventud, de los herederos de Martí, de Fidel y salimos del Txoko Internazionalista de Egia, seguros de que hay un buen relevo preparado para continuar la batalla por un futuro mejor para el pueblo cubano.

*Cristina Escobar, periodista cubana, presentadora y comentarista del Noticiero de la Televisión Cubana, tiene también un novedoso programa de entrevistas en idioma inglés en el canal latinoamericano teleSUR.

jueves, 5 de noviembre de 2015

La escoria sube a la superficie

Max J. Castro
Progreso Semanal

La escoria sube a la superficie
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MIAMI – El peor periodista en Miami es Andrés Oppenheimer. También es, sin duda, el más exitoso. Tiene su propio programa de televisión. Sus columnas aparecen en muchos periódicos en Latinoamérica. Y, como una conocida en el negocio editorial exclamó, ¡sus libros se venden!
“Escribe bien, ¿no es cierto?” añadió ella. Reí con sorna. Su escritura es, en el mejor de los casos, pedestre, pero eso es otro tema.
La razón por la que creo que Oppenheimer es el peor periodista de Miami no tiene nada que ver con lo que me dijo un amigo en común que Andrés imagina son mis razones: las uvas están verdes, la envidia. No. No es posible que yo pueda envidiar a alguien que ha construido una carrera haciendo lo contrario de lo que se supone que hagan los periodistas: afligir a los acomodados y consolar a los afligidos. Él es el mejor ejemplo que conozco del periodismo de arriba hacia abajo.

viernes, 27 de marzo de 2015

Umberto Eco habla sobre Internet y periodismo

umberto-eco
Umberto Eco ha escrito mucho y muy atinado sobre cuestiones como la representación, el símbolo y la cultura. Quizá por tirar tan alto, ahora ha decidido ‘rebajarse’ a hablar… delperiodismo. ‘Número cero’ (Penguin Random House) es su nueva novela sobre ‘Domani’, un periódico ficticio y fallido montado por un ricachón para poner en aprietos a Dios sabe quién.
Una redacción compuesta de perdedores se dedica a hacer números del invento, lo cual sirve al autor de ‘El nombre de la rosa’ para soltar ideas como las que siguen, mientras mastica un tabaco en su casa con vistas al Castello Sforzesco de Milán.
¿Por qué quiso hacer este libro?
Llevo escribiendo artículos y ensayos sobre los defectos del periodismo italiano desde 1960, en muchos casos con polémicas, en otros discutiendo con amigos… Yo mismo he escrito en periódicos, así que se trata de una crítica desde el interior. Desde hace 10 años tenía en la cabeza esta idea de hacer una novela sobre los defectos del periodismo, pero lo había ido retrasando. Hasta hoy.

lunes, 9 de febrero de 2015

Editor alemán: "La CIA ordena a la prensa occidental maquinar mentiras"

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REUTERS/Jason Reed

El editor de uno de los principales periódicos de Alemania, Udo Ulfkotte, ha revelado que la CIA ordenó a los diarios y agencias de noticias alemanes maquinar mentiras sobre el exdictador libio Muammar Gaddafi para justificar la intervención extranjera en Libia.

Según escribe el portal analítico Global Research, Ulfkotte aseguró en una entrevista al periódico 'Russian Insider' que durante los últimos años había publicado bajo su nombre en 'Frankfurter Allgemeine Zeitung' noticias escritas por la CIA y destinadas a conducir a diferentes naciones hacia la guerra.

De acuerdo con Ulfkotte, entre las noticias que tuvo que publicar su diario, una culpaba al expresidente libio Muammar Gaddafi de construir plantas de gas venenoso en Libia en 2011.

jueves, 1 de enero de 2015

»Niemand sagt mir, was ich publizieren soll«

Gespräch mit Jorge »Jorgito« Jerez über das Journalistikstudium in Kuba, die Medien der Insel und die Folgen der US-Blockade

In einem Radiointerview aus Anlass des 25. Jahrestages des Mauerfalls hat der heutige Chefredakteur der Tageszeitung Neues Deutschland, Tom Strohschneider, erklärt, dass sein Blatt bis 1989 kein journalistisches Produkt gewesen sei, weil es in der DDR keinen Journalismus gegeben habe. Möglicherweise ist er der Meinung, dass das auch für das heutige Kuba gilt. Was antworten Sie ihm als kubanischer Student der Fachrichtung?

Natürlich muss in Kuba der Journalismus deutlich verbessert werden. Das ist klar. Aber selbstverständlich gibt es ihn. Wir haben einen revolutionären Journalismus, einen, der sich an die revolutionären Gesetze hält, einen Journalismus in Übereinstimmung mit den Zeiten, in denen wir leben. Es ist ein Journalismus, der den Veränderungen verpflichtet ist. Darüber gibt es auch harte Diskussionen zwischen den Studenten an den Akademien – zu denen auch ich gehöre – und den Kollegen, die ihr Studium bereits abgeschlossen haben. Erst vor wenigen Tagen habe ich über Facebook eine Diskussion mit einem Freund geführt, der in Kuba studiert hat und nun in Argentinien lebt. Er hat mir beschrieben, dass man dort an der Hochschule etwas völlig anderes unter Journalismus versteht als bei uns. Ich habe ihm geantwortet, dass in Kuba sicherlich keiner für die kapitalistische Welt gelehrt wird. Unser Journalismus entspricht dieser Zeit in unserem Land, auch wenn er, wie gesagt, natürlich perfektioniert werden muss. Dazu sind wir vor der Geschichte verpflichtet. In einer so sehr globalisierten Welt, in der die Netze immer wichtiger werden und eine Nachricht eher einen Twitter-Nutzer erreicht als eine Zeitung oder einen Fernsehsender, müssen wir unsere Arbeitsweise weiterentwickeln. Deshalb erleben die Journalisten in Kuba derzeit Veränderungen ihres Berufs, um ihn sehr viel wettbewerbsfähiger zu machen. Das Ziel dieses Wandels ist, dass sich das Volk wiedererkennt und von den Journalisten und den Medien repräsentiert fühlt. Und das trotz der geringen Präsenz der Medien in Kuba, die von den bekannten wirtschaftlichen Schwierigkeiten verursacht wird. Es gibt nur drei landesweite Tageszeitungen, Granma, Juventud Rebelde und Trabajadores, die die kubanische Realität widerspiegeln sollen. Wenn wir es erreichen, dass diese Blätter ihre Aufgabe erfüllen, haben wir einen wichtigen Schritt zu einem revolutionären Journalismus getan. Wir brauchen einen, der das Wohl aller zum Ziel hat.

viernes, 22 de agosto de 2014

A lo mejor es sólo mi opinión

Víctor Angel Fernández
Víctor Ángel Fernández
Víctor Ángel Fernández
En Cuba tenemos problemas hasta para regalar y esta afirmación no significa que desee descubrir el agua tibia. Cada día algún medio de transporte no sale, sale tarde o simplemente no llega y, desgraciadamente, a veces esta no llegada significa un accidente. La viandas, las hortalizas u otros productos de la tierra, aparecen, desaparecen y cambian sus precios, casi siempre hacia arriba, con excepción del Aguacate-2014 que de forma curiosa ha roto con las expectativas y como si fuera parte de la bolsa, sus valores se mueven a la baja.
La lista sería interminable, tecnologías, construcciones, comunicaciones y hasta nuestras perlas doradas, salud y educación sufren los embates de los problemas, sobre todo esta última, cuando terminando el curso escolar, nos despertó con denuncias y demostraciones de fraude.
No obstante las aceptadas limitaciones, muchos de estos hechos aparecen  con frecuencia reflejados en nuestra prensa, o comentados en el día a día de los cubanos, remarcando las carencias e imperfecciones de los seres que formamos parte fundamental del andamiaje de este nuestro sistema social.

jueves, 12 de junio de 2014

Los cómplices del silencio

Pedro Pablo Gómez

cubacensuraUno de los principios proclamados en las sociedades capitalistas es el del respeto a la libertad de expresión, supuestamente su prensa refleja lo que acontece en el mundo sin  eliminar nada que deba ser informado para conocimiento del público en general. Desde luego, esto siempre se respetaría si los dueños de estos medios de comunicación no pensaran que sus intereses pudieran afectarse o pongan en tela de juicio las “bondades” de su sistema político y económico, o las del gobierno que los representa.
Los Estados Unidos de América es sin lugar a dudas el líder indiscutido del mundo occidental y dicta las órdenes que deben seguir sus compañeros de viaje en el manejo de las informaciones que trasladan a sus ciudadanos. Las grandes cadenas de la comunicación, llámense televisivas, de prensa radial o escrita, las agencias cablegráficas del sistema y también los medios digitales, están de una forma u otra regidos por los intereses de quienes son propietarios de estos medios.

jueves, 30 de mayo de 2013

Cuba no cree en “inocencias” ni se le puede vender “gato por liebre”

Discurso pronunciado por Manuel David Orrio ante la Asamblea Ramal de la Prensa Escrita, previa al IX Congreso de la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC), celebrada el 29 de mayo del 2013, en La Habana.

Por Manuel David Orrio
 orrio@enet.cu

La Habana,13/05/29.- Dice La Biblia que “en principio, fue el Verbo”. Cuando leí el Informe del Comité Nacional  de la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC) a su IX Congreso, pensé que la frase bíblica se transformó: “en principio, fue el título”.

“SUBIR A LA BASE” nómbrase el informe, lo cual equivaldía a admitir que la prensa cubana está en el subsuelo, de una base cuyo nombre es PUEBLO CUBANO.    

“Subir a la base”, como título, me hace pensar en que por todas partes encuentro un sentimiento de criolla insatisfacción con lo que se denomina “acceso a las corrientes de información”. Más, si se toma en cuenta el nivel de instrucción promedio de una Cuba que está pasando por cambios sin parangón en su historia, y donde la memoria colectiva sobre errores repetidos impone  la duda metódica, para así hacer  inviable a cualquier  modelo de prensa que pretenda hacer propaganda. Algunas veces, bien burda propaganda. Veinte años atrás, diatribas  llovieron sobre la Pastoral de los Obispos Católicos cubanos “El Amor Todo Lo Espera” (1) ¿Alguien se ha tomado la molestia de contar cuántas de sus propuestas son hoy políticas de Gobierno?

viernes, 12 de octubre de 2012

Periodistas de El País se rebelan


elpais

Los periodistas y trabajadores del periódico español El País realizaron una asamblea en la cual votaron a favor de la renuncia de su actual director, Javier Moreno, al que además acusaron de ejercer una presión intolerable contra los periodistas para frenar la huelga de firmas, por lo que presentarán una querella en su contra por acoso laboral.

La guerra en el Grupo Prisa y en su buque insignia, el diario de mayor circulación de España, entró en una fase irreversible, con la mayoría de los trabajadores y periodistas indignados por la forma en que se está intentando despedir a más de la tercera parte de la plantilla.

sábado, 3 de diciembre de 2011

Un tal José Ignacio

Idania Trujillo de la Paz • Ecuador
Fotos: Cortesía de la autora

“No hay más ascensión que hacia la tierra”.

Entró a la radio por pura casualidad, o mejor dicho, por aburrimiento. En realidad, lo que le apasionaba era el teatro y la televisión. Pero antes se había decidido por la carrera eclesiástica y como seminarista viajó a República Dominicana donde presenció los horrores de la invasión yanqui en 1965.  
A inicios de los 60 salió de Cuba con su familia, sin embargo, la Isla ha viajado de alguna extraña manera en su mundo interior y en ese particular y criollo modo de hablar y comunicarse. Ya rebasa los 60 y ha pasado buena parte de su vida entre cabinas y micrófonos. 
Más que hablar por radio, lo que le apasiona es escuchar a la gente, devolverle la palabra que le secuestraron. “Por la palabra pública los seres humanos nos ciudadanizamos, nos empoderamos”, dice en la sala de su casa, ubicada en el Valle de los Chillos, un barrio de clase media en las afueras de Quito, Ecuador.
 
La casa está decorada con prolijidad. Su diseño y los detalles con que han sido colocados variados objetos, esculturas andinas, máscaras, libros y pinturas hablan de la personalidad de la pareja que la habita. José Ignacio López Vigil no oculta su admiración por Tachi Arriola, radialista peruana con quien comparte su vida hace ya 20 años.  
Afuera duermen Hualaya y Boitatá, sus fieles compañeros a quienes trajo desde Lima cuando decidió afincarse en Quito para seguir impulsando la Asociación de Radialistas Apasionadas y Apasionados. 
Eres un cubano de la diáspora que ha pasado buena parte de su vida entre cabinas y micrófonos. ¿Cuán importante sigue siendo la radio hoy día para comunicar ideas?
Un cubano hablando de radio parecería que está hablando de su medio propio porque Cuba fue “la radio de América Latina”, la exportadora no solo de radionovelas, sino de un montón de formatos muy originales que se experimentaron en las entonces cadenas privadas, la CMQ y otras que fueron inspiración para un montón de países en América Latina. De modo que hablar de la radio, siendo cubano, tiene un doble significado. Siempre me viene a la mente una anécdota que cuenta Vargas Llosa en una de sus novelas cuando se vendían a peso los libretos de las radionovelas cubanas. ¡Te imaginas! tres libras de libreto de radionovelas...  
En realidad, entré en la radio no por ninguna inspiración cubana, pues salí de la Isla con 15 años a fines de 1961. Luego tuve una vida un poco azarosa porque mis padres tomaron la decisión de irse a España, ya que mis abuelos eran españoles y mis abuelas cubanas. Por suerte, fuimos a España y no a Miami ni a otro tipo de ghetto, claro era la España franquista y no se podía formar ningún ghetto, pero aun así era más fácil abrirse campo, no laboralmente, pero sí tener un poco más de respiro ideológico. Poco tiempo después, como seminarista jesuita, viajé a República Dominicana, Venezuela, Ecuador... 
En Dominicana comencé a trabajar en una zona muy, muy deprimida que colinda con Haití, una ciudad llamada Dajabón. Ahí no había nada, excepto Radio Belén, una emisora comercial. Un día, de fresco, llegué y les propuse a los productores que si me lo permitían podía hacer un programita para las tardes. La verdad lo que quería era entretenerme porque las clases de Lenguaje y Biología del seminario jesuita no me estimulaban mucho.  
Para suerte o desgracia no pasaron ni 15 días cuando vinieron a verme a media noche unos campesinos para contarme que iban a invadir las tierras que el terrateniente les había robado falsificando títulos. Ellos querían que no solo los acompañara en la invasión, sino que fuera para que entrevistara a los que iban a hacer aquella acción, y al día siguiente lo pasara por el programa de radio. Y claro que fui con ellos. 
Grabé las entrevistas en aquella situación realmente impresionante, porque era gente desesperada. Fíjate si era así, que los veías cortando los alambres de púas que el terrateniente había puesto para robarles sus tierras. Al día siguiente, pasé las entrevistas en el programa. Obviamente, el director de la radio comercial me suspendió el programa y me abrieron un expediente para deportarme. Claro, este proceso se arregló después porque como era jesuita tenía ciertas “palancas” donde tocar. Aquel suceso fue mi mejor escuela, me permitió descubrir la enorme importancia de una radio, de una emisora que se “la juega” por las causas populares, que no es neutral, que no es imparcial, sino que se pone a favor de las causas justas y de las mayorías nacionales. Así comencé a hacer radio, te hablo del año 1967, en el norte de República Dominicana. 
La divina insensatez de hacer radio 
Era aún seminarista, todavía no era sacerdote. Fíjate las cosas... Estando allí en aquel mismo sitio, en Dajabón, me llega una invitación para participar de un concurso para descubrir nuevos libretistas. La idea surgió de Mario Kaplún, el gran Mario Kaplún, inspirador de tantos radialistas educativos latinoamericanos. La invitación venía del Servicio Radiofónico para América Latina (SERPAL) con sede en Münich, Alemania, que había patrocinado las mejores series de Kaplún, entre ellas Jurado trece y Padre Vicente, entre otras. Mario, preocupado porque no aparecían nuevos libretistas, promovió aquel concurso. Pues bien, me llega la convocatoria y me animo a participar. 
En 1965, República Dominicana fue invadida por las tropas gringas para derrotar a Juan Bosh e imponer a Joaquín Balaguer que era sucesor de Rafael Leónidas Trujillo. Allí se produjo una matanza, una cosa bárbara. La casa de estudios donde me preparaba para hacerme cura estaba apenas a 500 metros del playón donde desembarcaron los gringos.  
Nosotros presenciamos la invasión como si fuera una película, no ya como una película, sino como un hecho real y nos cargamos de indignación porque eran demasiados los muertos, las violaciones, una barbaridad… Muchos fuimos a donar sangre. Yo era amigo de un muchacho que se había montado en uno de los tanques de la resistencia para luchar contra los invasores norteamericanos y le hice una entrevista. A partir de esa historia redacté el primer libreto de radio en mi vida, te hablo de 1967, y para mi gran sorpresa y satisfacción resultó premiado. A partir de ese momento quedé conectado con SERPAL, con Mario Kaplún y el mundo de la radio educativa con el cual he caminado muchos años. 
Más que hablar por radio, lo que más me apasionó siempre fue escuchar por radio, escuchar a la gente, dicho de otra manera, devolverle a la gente la palabra que le secuestraron. A los latinoamericanos nos robaron la palabra cuando nos invadieron los españoles y los portugueses nos mandaron a callar, todos los dictadores ordenaron silencio. En América Latina, no solo nos prohibieron las lenguas ancestrales: el quechua, el aymara, las lenguas mayas, las náhuatl, sino también nos prohibieron los instrumentos musicales, los cantos, los bailes, nos prohibieron la cultura. 
Nuestras culturas veneraban la Luna, el Sol y las montañas. Nuestros pueblos fueron “ordenados de silencio”, incluso cuando el papa Juan Pablo II, en su campaña para destruir la Teología de la Liberación, visitó en 1983 a Nicaragua en la plaza Carlos Fonseca Amador, gritó siete veces la palabra “silencio” mandando a callar... 

—¿Por qué le gusta tanto oír la radio, señora?
—Porque me trae el vecindario a la casa. 
Si uno se preguntara ¿qué cosa es la radio?, porque siempre se dice, como la BBC: la radio sirve para informar, educar y entretener; y claro, sirve para informar, educar y entretener pero detengámonos en qué cosa es educar. Cuando uno utiliza la palabrita educar hace una asociación casi mecánica de dos más dos son cuatro, piensa en Historia, Matemática, Geografía, es decir, piensa en instruir escolarmente; pero educar no es eso, educar es una construcción de pensamiento propio, es fomentar una visión socrática, mayéutica para que la gente saque lo que tiene adentro, guardado. ¿Qué tenían nuestros pueblos guardados durante 500 años?: una palabra silenciada. 
Cuando estaba en República Dominicana, en Radio Enriquillo, que fue mi escuela de radio, me salía todas las tardes a entrevistar gente: viejos, viejas, niños, haitianos cortadores de caña, mujeres que son doblemente silenciadas porque no pueden hablar en los espacios públicos pero tampoco en los privados, no pueden hablar en el sindicato ni en la iglesia ni en la casa ni en ninguna parte. Iba con mi unidad móvil, a veces con grabadora, y ponía a la gente a hablar. Y esa experiencia educativa, tal vez la experiencia educativa más importante de todas porque cuando la persona habla se hace gente, se hace mujer, se hace hombre, nos hacemos seres humanos por la palabra, y por la palabra pública nos ciudadanizamos, nos empoderamos.
 

En los ensayos de un programa para la Radioteca infantil con niños
En América Latina por los años 70, se utilizó un slogan muy mal enfocado que tuvo sentido en tiempos de la dictadura, cuando el mismo Oscar Arnulfo Romero decía: “somos la voz de los sin voz”, claro en El Salvador de Romero nadie podía hablar y él asumía la representación de esa voz silenciada con su palabra, pero el pueblo tiene palabra, el pueblo no es mudo. Y, por tanto, esa palabra popular hay que devolvérsela, esa palabra secuestrada hay que devolvérsela al pueblo. Y esa es la misión fundamental de una radio, de una radio que quiere ser ciudadana, popular, educativa, como se llame. Y eso me fascinó siempre. Por eso, más que hablar por radio, lo que he hecho es recoger muchos testimonios, mucha palabra de gente sencilla que cuenta sus historias, sus relatos, sus dolores, sus fiestas, sus alegrías... Todo eso lo devolvíamos a través de Radio Enriquillo. 
En toda esa zona del suroeste que es todavía más deprimida que la del norte: Barahona, Enriquillo, Tamayo que es de lo más pobre de Santo Domingo, completamente llena de haitianos que pasan la frontera para ir al corte de caña, los curas, unos 20 años antes, habían llegado a la conclusión de que a lo que los dominicanos y haitianos llaman “los palos del espíritu santo” —una especie de vudú sin sangre inspirado en las divinidades africanas—, era brujería y, por tanto, había que eliminarlo. Y la forma de eliminarlo no solo era prohibirlo, sino robar los tambores, los tres atabales a los tocadores de las plenas.  
Estando en Santo Domingo, en la capital, descubrí tres tambores hermosísimos robados a un pai de santo, como dirían en Brasil, que es el palero mayor, como una especie de sacerdote, un babalao. Y sin pedir mucho permiso, agarré los tres tambores, los monté en mi carro y me los llevé para la comunidad de Dermirio Medina y se los devolví. Todavía me acuerdo cuando él vio sus tres tambores, los acarició como a sus tres hijos. No podía creerlo. Llevaban como diez años secuestrados por los curas. Pero lo mejor no fue la devolución de los tambores, sino que Dermirio me dice: “yo quiero que usted y también Radio Enriquillo vengan a la “levantada” que vamos a hacer con estos tambores. Queremos que usted sea el padrino de estos instrumentos". Y fui con la móvil de Radio Enriquillo a hacer el programa y lo transmitimos todo, aunque fue a las 12 de la noche, pero al otro día lo retransmitimos íntegramente. Eso fue un escándalo para los curas tradicionales. Pero un escándalo también para la izquierda porque los grupos radicales marxistas entendían que eso era basura, diversionismo... 
A partir de ahí no dábamos abasto porque nos llamaban todos los fines de semana para los toques de palo en las distintas comunidades y bateyes haitianos... Esa fue una experiencia muy impactante para mí porque era rescatar ya no solo la palabra, sino rescatar la cultura, los valores, la forma de ver la vida de esas comunidades. Y una radio popular, ciudadana puede hacer eso.  
¿Cómo, en qué medida una radio popular puede dejar de ser "popular" y convertirse en todo lo contrario, qué cosas debieran evitarse para no llegar a eso? 
Hay experiencias en América Latina que se autodenominan "populares" y la verdad perdieron la brújula hace mucho tiempo. ¿Cómo una radio popular se enajena de su vocación popular, de su vocación ciudadana? Pues por muchísimos caminos. Destaco el primero, que es como el más evidente, la enajenación del lenguaje. Hemos perdido el sentido común. Hablamos y nadie nos entiende. Comunicamos y no comunicamos nada.  
En la radio pasa lo mismo. Hacemos editoriales abstractas, incomprensibles, hacemos discursos por radio llamadas “populares” que nadie entiende o que entiende solo la elite. Hemos perdido también el rumbo de la música. Con esto no quiero decir que haya que pasar solamente la música que la gente pide. Hay que pasar la que la gente pide y la que no pide también. Hay que ampliar el paladar. Porque si tú le das nada más lo que la gente pide, solo pedirán lo que tú le das. Es como un círculo vicioso. 
Nos hemos distanciado del gusto popular, nos hemos distanciado de los temas, de los formatos, además, hemos “vaciado” los formatos dramáticos y cómicos, que son el alma de lo que fue la radiodifusión, lo que más divierte a la gente. Uno podría preguntarse para qué es que la gente prende una radio, una televisora. Pero estamos hablando de radio ¿para qué alguien prende una radio?, ¿para informarse, para educarse?, la gente prende la radio para tomar aliento, para hacer la vida cotidiana —que tiene mil y una vaina— más placentera, más llevadera. Seguro que la gente también se informa, se educa, pero básicamente la gente prende la radio, yo diría, para dos funciones: para desconectar de tantos problemas, y lo otro igualmente sagrado, para resolver los mil y un problemas de la vida cotidiana. Esas dos funciones, descansar, tomar aliento, divertirse, sonreírse, entretenerse se han descuidado mucho en la radio llamada “popular”, de tal manera que puedes oír una radio popular y escucharla durante 24 horas y no hay un espacio risueño, un espacio de buen humor, ¿por qué?, ¡ah! porque la izquierda sesuda, aburrida y seria entendió que eso era perder el tiempo y otras emisoras religiosas entendieron lo mismo. 
¿Es decir, en tu opinión se han puesto los contenidos populares por encima de las formas? 
Claro, pero poner los contenidos por encima de las formas es un camino suicida. Se pueden tener los mejores contenidos, los contenidos ideológicamente correctos, pero si eso no va envasado en una forma divertida y alegre, agradable, placentera, no sirve para nada, ¿por qué? porque la gente no aguanta... No es lo mismo, por ejemplo, cuando vas a una conferencia y viene un “metratranca” de estos a hablar paja y no te puedes ir, sobre todo si estás en la primera fila; pero en la radio no, en la radio, si algo está “pesa’o”, vas a hacer pis, apagas o cambias de emisora y no tienes que soportar a uno hablando paja. Entonces de nada sirve que organicemos los contenidos ideológicamente correctos si no le damos una forma popular. 
¿Para ti cuáles son esas formas populares? 
Una forma popular es la narrativa, el relato, el buen humor, la anécdota. La antítesis es el discurso abstracto, redundante, hueco, formal; pero hablar de lo cotidiano, que me cuenten algo y que lo hagan con gracia, con humor, con alegría, eso es otra cosa. 
Sin embargo, algunas personas no solamente del medio radial, sino también del impreso y de los sitios digitales piensan que las formas narrativas pasaron de moda, ¿a qué le achacas esto? 
Con todo el respeto, discrepo porque desde que el mundo es mundo siempre han existido las formas narrativas: ahí tienes la Biblia, el Popol Vuh, El Quijote, lo que sucede es que esas concepciones responden a una visión ignorante, profundamente ignorante de lo que es la comunicación. Hay gente que habla no para comunicarse, ni para que la entiendan, sino para “demostrar que sabe mucho”, entonces ahí hay vanidades, arrogancias, ignorancias que están detrás de esas actitudes profundamente elitistas, profundamente humilladoras para la gente sencilla.  
Si hablo con palabras que no me entienden, cuando hablo soy yo el que se tiene que adaptar a la gente, no es la gente la que tiene que adaptarse a mí. Sucede como en una boutique, el cliente tiene siempre la razón, en la radio la audiencia tiene siempre la razón. Si usted no es entendido, la audiencia no es la culpable, el bruto, el burro es usted porque habló y nadie lo entendió. Hay vicios de los pasillos universitarios, de las academias que te hacen creer que mientras más raro hables, más científico eres; mientras más incomprensible y rebuscado hables, más profesional eres, más culto eres... 
Por eso, siempre me gusta recordar a un poeta cochabambino que dijo que “no hay más ascensión que hacia la tierra”; porque entonces te dicen: ¿y qué usted quiere, que nos rebajemos? En el lenguaje popular usted no se baja, usted sube al lenguaje popular. El lenguaje popular es también un lenguaje culto porque cuando un campesino dice un refrán, eso es más cultura que cualquier palabrería “culta” que muchas veces ni se entiende.  
La izquierda hizo gala de lo feo, de lo sucio, de “lo que importa es el contenido”. Y ese es un error gravísimo profesionalmente hablando. 
Ahora hablando de las personas, ya sean hombres o mujeres, desde cualquier medio, pero específicamente desde la radio, qué sensibilidad, qué grado de aprehensión, cuál sería su responsabilidad retomando lo que veníamos hablando respecto al descuido de las formas. 
Hace un tiempo impartí una charla en la Cumbre Indígena en el Cauca, en Colombia, a la que titulé “La descolonización de la palabra”. Recientemente hice un ejercicio parecido en el Instituto Internacional de Periodismo aquí en La Habana. Y es interesante porque a los latinoamericanos no solo nos colonizaron cuando nos robaron el oro, la plata, no solo violaron y mataron, no solo nos colonizaron con la religión, con los misioneros, con toda esa vaina, sino que nos colonizaron también con la palabra ¿en qué sentido? Tú ves locutores —en Cuba y en cualquier sitio— que son gente sencilla cuando están en el parque, cuando están hablando en su casa, son gente alegre y cuentan un chiste, pero cuando se paran delante de un micrófono son incapaces de hablar con naturalidad, de narrar algo, de contar una anécdota ¿por qué? porque nos han colonizado la palabra, nos han colonizado el cerebro. Igual pasa con el indígena. De pronto, ves al dirigente indígena que se pone a filosofar... En Bolivia recuerdo que los mineros aprendieron la palabra hermenéutica y era hermenéutica p’arriba, hermenéutica p’abajo y ni siquiera sabían qué quería decir hermenéutica, pero son palabras colonizadas, cultura colonizada. 
Entonces para ir a tu pregunta, un conductor de radio, un locutor, un comunicador tendría que tener claro qué significa comunicar, es decir, comunicar implica comunión, establecer lazos, unir, es hacer fácil lo difícil, explicar, ayudar a comprender, acompañar, hacer nacer las palabras, el pensamiento propio de la persona con la que nos estamos comunicando.
 

En el estudio de grabación de Radialistas en Quito, Ecuador
Nuestra sensibilidad como comunicadores tendría que ser que lo que se escriba, lo que se hable, lo que se diga por la tele, el cine, lo que se haga, llegue a la gran masa, porque es a ellos a los que nos dirigimos. En Radialistas siempre nos quedamos lejos porque, por ejemplo, uno da por entendido que todo el mundo sabe lo que es una galaxia y es posible que para un hombre del común galaxia sea la discoteca de la esquina. Siempre, por más esfuerzo que hagamos, aunque tratemos de subir al lenguaje popular, al lenguaje sencillo, siempre nos quedamos lejos; pero la actitud no debe ser la de decir que estoy haciendo el arte por el arte, estoy haciendo esto para complacerme personalmente, para que me miren y me admiren, no, estoy hablando para que la gente me entienda, para descolonizar esa palabra y ese pensamiento. Esa tendría que ser la primera responsabilidad. 
¿Y con eso se nace o se aprende? 
Hay gente que nace aburrida, nace y muere aburrida por el principio de genio y figura hasta la sepultura. Hay gente que no sabe hablar; hay que aprender a escribir y hay que aprender a hablar también. Igual que usted aprendió a escribir y puso Rosita corta una rosa, hay que aprender a hablar. Generalmente imaginamos que si echamos palabras, escupimos palabras por la boca estamos hablando, ¡no!, hablar es otra cosa, entonces hay que aprender a escribir y hay que aprender a hablar.
Hay gente que nace como desabrido, hay gente que nace sin gracia —el que nace sin gracia es un desgraciado— pero la gracia y el hablar es también un entrenamiento, básicamente es un entrenamiento. Los seres humanos, la mayoría de las mujeres y de los hombres pudiéramos ser excelentes habladores si no tuviéramos la mala hierba que nos metieron en la cabeza... Es como sembrar en el campo: lo primero que necesito es buena semilla, claro, pero también necesito sacar la mala hierba. Lo primero que necesitamos es sacar esa mala hierba, lo que nos metieron en la cabeza, esa enajenación, esa mano de palabras raras que en Dominicana le llaman “palabras domingueras”: “ese político siempre habla con palabras domingueras” y “palabras domingueras” significa “palabras que nadie entiende”. Sí creo que se nace pero también se hace, y por eso es importante la capacitación... 
“En radio ya no hay nada más que aprender” 
Hablando de capacitación. Tú has ayudado haciendo la radio pero también has ayudado a otros a hacerla. Entonces en qué sentido la capacitación contribuye a hacer esa comunicación novedosa, atractiva, que libere el contenido pero que a la vez le dé una forma agradable, entretenida... 
La capacitación es indispensable, lo que pasa es que muchas actividades de capacitación, muchos talleres de capacitación lo que hacen es repetir la misma pesadez de las producciones. Es decir, no hacemos nada si invitarnos a un taller de capacitación para decir lo mismo, la gente se aburre, se duerme porque les estamos dando el mismo sonsonete, el mismo discurso. 
Si queremos hacer talleres de capacitación que sean coherentes con la radio popular, con la radio ciudadana, con la comunicación popular tienen que ser alegres, divertidos, dinámicos. La gente tiene que aprender cosas, pero no aprender a partir de discursos, sino desde sus propias experiencias. Es un error en los talleres de capacitación dar las instrucciones, dar el discurso, decir cómo se hace, poner el jodido power point. Porque ahora en América Latina se le llama taller a oír cuatro charlas aburridas. Cuando hablamos de taller tenemos que hablar de práctica y de práctica revaluada, de práctica rehecha; tiene que hacerse esa práctica comunicativa y tiene que evaluarse esa práctica comunicativa. 
Mi primer taller de capacitación en radio, te estoy hablando del año 1983, fue en Chile. Cuando llego me entero que ya no era el "asistente", sino el “capacitador de plantilla”. Tuve que dar un taller de un mes y no tenía nada preparado. Pero como la necesidad obliga, me puse a pensar: lo primero que hay que hacer con esta gente es ponerlos a hablar y evaluar lo que hablan. Comencé por ahí: “Señores tienen media hora para hacer un comentario radiofónico y luego los vamos a pasar por la piedra uno por uno”. 
Aquello fue un desastre, fue buenísimo el ejercicio, pero un desastre en el sentido de que salieron todas las durezas, las rarezas, las abstracciones, toda la mala hierba... Y todos ellos, más de 20, eran comunicadores y populares, de radios populares, de iglesias populares y de una revolución popular. 
Y literalmente salieron destrozados. No creo en eso de metodologías complacientes, de qué lindo qué lindo. También la metodología tiene que ser fuerte, bien fundamentada y hecha con humor, porque no puede ser que uno le meta un leñazo a la gente, también con humor entran muchas cosas. Metes un poco de humor, un poco de sabrosura y la gente sale de ese disparate, de esa colonización de la palabra...
 
Después de dos horas de charla. ¿Quieres que hablemos más? Le sonrío y pienso que posiblemente no haya otra ocasión como esta y me lanzo… 
Es interesante cómo tu hermana María y tú, que han estado tanto tiempo fuera de la Isla, han sabido conservar muchos rasgos de nuestra identidad, sobre todo ese "cubaneo" que una descubre cuando lee, por ejemplo, Un tal Jesús… 
¿Sabes?, es curioso eso que dices. Nunca me había detenido a pensarlo así pero con ese libro nos pasaron cosas maravillosas que nos sorprendieron. Eso que hablas del "cubaneo" es una de ellas. El cubano es por sí mismo irreverente; sí irreverente y en la cultura cubana es difícil ganarse respeto por autoridad porque te lo tiran a mondongo enseguida. Si algo agradezco a la cultura cubana, de la cual soy un profano en muchos aspectos —no conozco la santería, no conozco el interior del país porque mi papá era muy urbano— es precisamente esa manera particular de comunicarse típica del cubano dondequiera que esté y que parte de una filosofía muy sencilla: no hay que complicarse la vida para decir las cosas, mientras más sencillo mejor, el cubano tiene una forma de hablar desenfadada, irreverente —la palabra que siempre me viene a la boca es irreverente— que no guarda demasiadas formas, ni demasiados comedimientos. Y eso es indispensable para recuperar una forma popular de comunicarse… ¿Cómo es posible que con una matriz cultural que está basada en el relajo, en no te compliques la vida, en no enredes la pita, todo ese palabrerío cubano que uno lo mamó desde niño, no se haya utilizado más esa capacidad de oratoria, de comunicación en los medios, por ejemplo?...
 
Ahí tienes el caso de Fidel, cuya oratoria está a la altura de Demóstenes... Mi padre que no comulgaba con la Revolución, se parqueaba frente al televisor a oír un discurso de Fidel de ocho horas y no se perdía una palabra. Entonces me digo: ¿cómo es posible que con tamaño maestro no aparezcan discípulos?

 
La Asociación Radialistas Apasionadas y Apasionados es una ONG sin fines de lucro con sede en Quito, Ecuador. Su misión es contribuir a la democratización de las comunicaciones, especialmente de la radio, desde las perspectivas de género y ciudadanía. Pone la producción radiofónica al servicio de radialistas de todos los continentes, priorizando América Latina y el Caribe.
 

miércoles, 26 de octubre de 2011

Sobre la prensa en Cuba

                                               por Guillermo Rodríguez Rivera 


Los amigos de Espacio laical(*) me han distinguido llamándome, otra vez, para tomar parte en un dossier de esos que pueden contribuir a aclarar algunas cosas que hace mucha falta aclarar. Quieren mi opinión para que se incluya en lo que, sin duda, será un debate sobre la prensa en general y, específicamente, sobre la prensa en Cuba.

Quisiera empezar por decir que alguna vez, allá en mi ya lejana adolescencia, acaricié el propósito de ser periodista. Nunca llegué a matricular en la Escuela de Periodismo que existía en Santiago de Cuba, la ciudad donde nací y crecí. Y cuando, casi al triunfo de la Revolución mi familia decidió mudarse a La Habana –donde ya vivían mis hermanos médicos-- , tampoco quise estudiarlo porque, leyendo las crónicas del mayor de los periodistas que ha dado Cuba, José Martí, y que nunca había estudiado periodismo, comprendí que el periodismo no era un saber sino una habilidad, un oficio que hay que desarrollar desde una formación humanística. Hacer una crónica o un reportaje (más aún un artículo de opinión) se aprende a hacer leyendo a los maestros y, ante todo, escribiendo. Claro, si uno tiene la capacidad para hacerlo.

Lo cierto es que casi mi primer trabajo fue de periodista. Digo casi porque inicialmente trabajé en una oficina a mis diecisiete años, pero rápidamente me vinculé a la Dirección de Cultura de la Asociación de Jóvenes Rebeldes. Allí conocí a Ines Martiatu y  a Sara Gómez, entonces tan jóvenes como yo, y no sé ni cómo empecé a escribir crítica de cine para la revista Mella, el órgano oficial de la AJR. Esther Ayala, que entonces era su jefa de redacción, me convenció para encargarme de otros trabajos, y al rato andaba yo escribiendo crónicas y hasta reportajes sobre casi todo lo humano y casi nada de lo divino.

Todavía, mientras cursaba mis estudios de filología, fui periodista en Radio Reloj Nacional, por invitación de mi amigo Edel Suárez y en la Revista Cuba, donde fui secretario de redacción y tuve como jefe a Darío Carmona, periodista republicano español, con quien aprendí casi todo lo que sé del oficio. Pero preferí dedicarme a la más desasida, a la más intemporal literatura porque empecé a comprobar que el periodismo socialista se regía por normas muy peculiares.

Si uno hurgaba en una bibliografía al alcance de todos, empezaba a descubrir que las reglas que establecían las coordenadas del periodismo socialista eran las que había establecido Lenin en diversos artículos. Lo que ocurría es que, si uno miraba los años cuando se escribieron, las fechas de esos artículos de Lenin eran 1910 ó 1911. Esto es: eran normativas para la prensa socialista clandestina.

Esas fueron las normas que Stalin –gran maestro de la descontextualización– escogió para regir la prensa del socialismo en el poder. Ese es uno de los signos del dogmatismo y la manipulación: la afirmación que se hizo en una circunstancia, pretende establecerse como válida para todas las circunstancias.

La prensa socialista clandestina, que debía defender contra sus enemigos la supervivencia de una organización perseguida, se convirtió, en el poder, en la reina del secretismo: que se diga lo menos posible, que es lo que prefiere el que hace las cosas mal y quiere ser inmune a los reclamos.

Los partidarios del “secretismo” han tratado de hacer creer que a una revolución, que afecta los intereses de los poderosos y por ello siempre tiene  enemigos de cuidado, no le hace bien airear las imágenes de lo negativo que pueda existir en el ámbito donde gobierna, pero esto jamás podrá esgrimirse como un principio legítimo. Los males deben conocerse para poder combatirlos y eliminarlos.  Cualquier médico sabe que sin diagnóstico no hay curación. Lo que se precisa es que la caracterización de lo mal hecho se realice con honestidad y precisión.

Cuando único cabe el control y el invocar la seguridad nacional para que la prensa actúe con absoluta disciplina, es cuando la patria está siendo atacada y no debe decirse nada que pueda ser usado por el agresor. Ese principio legítimo puede también pervertirse: la administración del expresidente George W. Bush militarizó la prensa en las guerras de Afganistán e Irak, pero estaba claro que esas guerras eran injustificadas, porque no se combate a un grupo terrorista bombardeando e invadiendo una o dos naciones y estaba claro que la seguridad de los Estados Unidos no estaba en peligro.

No es lo mismo una guerra en la que un país se defiende de una agresión, que la guerra en que el gobierno de una potencia está agrediendo a otro pueblo.

El invocar la defensa de la unidad del país para ocultar el mal manejo de una administración o de cualquier hecho de la vida civil, es también pervertir peligrosamente el que debía ser un principio sagrado. Es devaluarlo, porque se le está usando para ocultar lo mal hecho y así, se le hace cómplice de ello. 

La defensa de la Revolución y de la patria no es la defensa de las administraciones que funcionan mal.

El presidente Raúl Castro ha invocado la necesidad de un cambio de mentalidad que nos permita reencauzar la Revolución.  Hay que pensar de otra manera para poder cambiar las cosas.

Yo creo que la prensa constituye un instrumento esencial para ello y que, por ello mismo, la burocracia que se opone a los cambios hará todo lo que pueda para evitar que nuestros medios informativos participen de ese cambio. Y los que temen por la seguridad de su cargo, tratarán de no arriesgarse. La burocracia tiene muchas maneras para coartar, atemorizar, retardar lo que no quiere que ocurra.

Hace apenas unos meses, el Dr. Esteban Morales, eminente politólogo y hombre de probada trayectoria revolucionaria,  escribió un artículo valorando el peso negativo que tiene la corrupción en el país y explicando cómo ello puede ser más dañino para la Revolución que las mismas actividades de la disidencia interna. Invocaba el caso de muchos de los antiguos países socialistas, donde los socialistas corruptos fueron esenciales para la restauración del capitalismo.

El comité del PCC en su municipio sancionó a Esteban a la máxima pena: nada menos que separándolo como militante comunista, lo que nos pareció escandaloso a muchos. Él apeló a las instancias que correspondían y finalmente fue suprimida la sanción y le fue devuelto su carné de militante. Fue una hermosa y necesaria victoria. Pero la página web donde publicó su opinión no ha vuelto a ser la misma. Se ha cargado de una prudencia que está a un paso del temor, porque entre la prudencia y el miedo, media el mismo paso que va de lo sublime a lo ridículo. En este sentido, la sanción surtió efecto.

El Dr. Morales, uno de nuestros mayores conocedores de la política de los Estados Unidos y frecuente invitado a la Mesa Redonda, no ha vuelto a aparecer en el programa, cuando se han tratado temas en los que es una autoridad. A mí me parece que su reivindicación debía ser completa.

La perversión del uso del principio de unidad degrada la defensa de la patria a la defensa de los funcionarios y, generalmente, de los funcionarios que no merecen ser defendidos.

El “secretismo” crea una ley no escrita mediante la cual las noticias no existen hasta que la instancia pertinente aut-*orice su existencia, si pensaba que la existencia de esa noticia era conveniente a la política del país, o para lo que el censor piensa que son los intereses de la nación.

Cuando la información se publicaba, hacía mucho rato que todo el mundo la sabía, porque en el mundo en que vivimos, el de la Internet y el email, es fácil propagar la mentira, pero casi imposible ocultar la verdad.

La excusa para ocultar una noticia es, casi siempre que, el saberla, laceraría la conciencia revolucionaria de nuestro pueblo. Y ello es subvalorar al pueblo que tenemos, instruido, con una verdadera cultura política y hondamente identificado con nuestra revolución, veterano de todas las batallas de estos cincuenta años; un pueblo que ha sabido asumir a fondo profundos sacrificios. Hay muy pocos pueblos que sean más capaces de conocer  todas las verdades sin flaquear que el cubano.

Cometen una gran injusticia o un gran error de apreciación por no conocer por dentro los órganos informativos cubanos,  los que juzgan a los periodistas  como cómplices del silencio que hace la prensa ante muchas realidades negativas. La autocensura es casi siempre la consecuencia de la censura. Cuando a un periodista le rechazan continuamente sus artículos críticos, termina por aprenderse la lección: la dirección del periódico no quiere que se hagan esas valoraciones, así que lo mejor es ni escribirlas, porque estoy obligando a los jefes a censurarme y, no sólo lo harán, sino que además me culparán de ello porque, con mi insistencia, los estoy obligando a ejercer el feo oficio de censores. Estoy obligándoles a que hagan explícita su posición.

Es cierto que hay algunos que averiguan cómo procede el jefe y  actúan en consecuencia, pero son los menos y de todos modos, son también un producto de la censura.

Yo espero que esté al producirse un cambio en el funcionamiento de nuestra prensa. No podrá ser sólo un cambio de figuras, aunque ese cambio pueda estar incluido. Si el sistema sigue siendo el mismo, los resultados serán iguales o muy parecidos.

El socialismo ha demostrado tener, para la información que lo critica, eso que se llama en el boxeo “poca asimilación”. El boxeador tiene que golpear pero, a la vez, asimilar los golpes del contrario. El boxeador que se cae al primer golpe, dicen los especialistas que tiene “mandíbula de cristal”. El socialismo tiene que aprender a asimilar porque ello le es imprescindible para mejorar. Puede hacerlo, pero tiene, como pide Raúl, que cambiar la mentalidad, o la mandíbula.

No debería atemorizarse, aunque es cierto que cualquier problema de la sociedad cubana es enfocado y magnificado por sus enemigos, pero es hora de que dejemos de darle importancia a lo que no lo merece.  No podemos vivir subordinados a la apreciación del enemigo.

Si un gobierno detestado por el poder de los Estados Unidos hubiera tenido la cuarta parte de los conflictos que está viviendo y las violaciones de derechos que comete el régimen derechista de Sebastián Piñera en Chile, estarían las Naciones Unidas –incitadas ya se sabe por quién-- buscando mecanismos para decretar desde un embargo económico, hasta ese eufemismo que se llama “zona de exclusión aérea”, mediante la cual impido que otro bombardee a los civiles y los mate, bombardeándolos y matándolos yo.

No hay defensa alguna de los derechos humanos.

No hay casi prensa en el mundo que no este visiblemente manipulada y controlada y no responda a determinados intereses que no son necesariamente los de la legítima información.

La prensa del mundo capitalista es prensa privada y responde a los intereses de sus propietarios, o a los que sus propietarios se alían.

La prensa socialista ha sido manejada por un partido único que se ha fundido con los concretos intereses de los organismos de gobierno actuantes o, más exactamente, con las personas que rigen esos organismos, porque aunque ello no está en  el programa, la mayor parte de las alianzas no son entre las instituciones, sino entre los funcionarios que las dirigen, que se relacionan y se protegen. 

El Comandante Fidel Castro dijo no hace mucho que un problema muy grave es que nadie sabía cómo se construía el socialismo. Me pregunto: ¿y alguien sabía cómo se organizaba la prensa del socialismo?

Yo pienso que el sistema que tenemos no funciona adecuadamente. El Granma debería hacer los enfoques oficiales que son los que aprueba y respalda con responsabilidad el CC del PCC, del cual es órgano oficial. Su director sería nombrado, tal como ahora, por esa entidad. Pero en la prensa en su conjunto, no pueden circular únicamente aquellos criterios que se consideren como “política oficial”. Tienen que circular valoraciones que enriquezcan el pensamiento, e incluso contribuyan a modificar lo que es hoy la “política oficial”: ese es un acervo del que la sociedad no puede prescindir porque la nutre y la desarrolla.

Yo creo que debía haber un cuerpo colegiado integrado por dirigentes partidarios e institucionales pero también por trabajadores y personalidades de suficiente y probada autoridad como para no disponer algo que vaya contra su conciencia y su  prestigio.

Este órgano debía proponer los directores de los otros periódicos, las revistas y los espacios noticiosos radiales y televisivos de alcance nacional, que serían electos por período de tres años, prorrogables a otros tres.

Esos directores tendrían plena autoridad para disponer  lo que se publica y sólo serían impugnables por tres razones: 1) porque publicaran información falsa bien por mala intención y/o por probada negligencia en la indagación  2) por ocultar informaciones que deben ser divulgadas; y 3) porque publicaran información que atentara contra la seguridad de la nación.

Esta propuesta habría de discutirse y, seguramente, ser mejorada.

¿Es esto una propuesta descabellada? ¿Es esto un desvarío imposible de concretar? Tendrían que demostrármelo tanto los dueños de periódicos que publican lo que les interesa, cómo los que apoyan la prensa  controlada del socialismo, que no cumple las funciones que debía cumplir. 

Creo que vale la pena ensayar lo que parece imposible porque, como dijo mi amigo Silvio Rodríguez, “de lo posible se sabe demasiado”.

(*) Espacio laical: órgano del Consejo arquidiocesano de Laicos de La Habana: http://espaciolaical.org/