Mostrando entradas con la etiqueta Literatura. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Literatura. Mostrar todas las entradas

domingo, 9 de junio de 2019

Bullying literario


¿Qué es literatura y qué no?

Así como hace años hablé de los “cubanólogos” que no sabía en qué kilómetro del mar entre Cuba y Estados Unidos se graduaban, para sentirse los únicos autorizados a hablar de los que vivimos en la Isla, me sorprende hoy no saber en cuál kilómetro del mismo recorrido está la escuela de letras que gradúa a tanto crítico literario, sin haber estudiado jamás e incluso sin saber nada de literatura. Más penoso, por cierto, cuando sí saben.

Es curioso que faltando pocas semanas para el Congreso de la Uneac los “críticos” ¿estudien y denigren? ahora el poema de Miguel Barnet “La política”, publicado en el periódico Granma, como lo hicieron antes con el texto “Empujando un país”.

Qué patético, por favor, qué falta de rigor acosar a un poeta, leer con anteojeras y estrechamente la poesía, negarle a un texto su polisemia, sus interpretaciones, que dependen, como todo hecho artístico de cada persona viviente que lo consume.

Siendo una de las escritoras cubanas (pero no l@ únic@) que sufre el fenómeno del bullying literario en mi ciudad hablo con conocimiento de causa. Porque ¿cómo se construye un acosador literario si eres de los escritores que vive en Cuba o en cualquier horizonte y escribe y defiende la política (esa palabra) cultural de nuestro país?:

jueves, 16 de febrero de 2017

Abel Prieto: La Feria es un espacio para los libros, la distorsión hay que pararla

Por: René Camilo García Rivera



Abel Prieto, Ministro de Cultura, en la entrega del Premio Nacional de Literatura 2016 a la escritora Margarita Mateo Palmer en la XXVI Feria Internacional del Libro. Foto: ACN/ Rafael Hernández.

Tal vez,
Abel Prieto sea uno de los ministros más accesibles del Gobierno cubano. Aparece en cada resquicio del mundo cultural. Anda con la seguridad de quien domina su espacio. Una vez lo vi en Pogolotti, donde vivo, en un espectáculo humorístico con la comunidad.

En estos días de Feria se le puede hallar en La Cabaña. Recorre las calles empedradas con su impecable traje oscuro. Cruza de salón a salón, de evento a evento, con la fluidez de una buena prosa.

Abel Prieto no impone barreras. Cuando te le acercas, esboza una sonrisa y extiende la mano (delicadeza del político), y al hablar demuestra el pensamiento que habita en su cabeza (rasgo del intelectual). Al abordarlo pregunta tu nombre, y luego, cuando conversa, te llama por él (valioso recurso empático).

lunes, 30 de mayo de 2016

Onelio Jorge Cardoso: Más allá de aquellas primeras ventanas…

NOTA MÌA: Sin dudas, Onelio es el "cuentero mayor", sus historias llenan ese espacio del que tanto ha adolescido la literatura cubana: conmover con su prosa desgarrada, llena de realismo y fantasía, que por momentos se hace poesía. En sus narraciones, cada detalle esta contado con el virtuosismo no solo del que cuenta, sino de quien lo ha vivido. 






Por Bárbara Doval

Nunca logré verle de cerca. Tal vez, demoré en hallarle. Lo cierto es que desde nuestro primer encuentro ya no quise desentenderme. Han pasado muchos años desde esa primera vez. La propuesta llegó desde mi profe en la Facultad de Letras,
Denia García Ronda.

Su cercanía ha multiplicado con creces las miradas a su existencia. La mía comenzó cuando me aproximé a sus tantas ventanas. Todas me parecían interesantes. Mientras me asomaba a una, enseguida quería aproximarme a las otras. Cuantas individualidades conocí a través de ellas. Cuánta sabiduría me llegó con cada uno de esos seres que se movían de aquí para allá, con autenticidad. Ya eran míos los “fantasmas” de
Onelio Jorge Cardoso.

Unas y otros, personas muy vapuleadas por la vida precaria que llevaron antes de 1959, de ellos, hay quienes con entereza y porfía se erigen baluartes de dignidad. Quienes imaginaban situaciones, personajes y hasta mágicas andanzas no faltaban a esas visiones a la que usted me permitía acceder a través de sus ventanas, que se siguieron abriendo más allá de los 60 y hasta que humanamente usted pudo hacerlo.

Ahora las abrimos desde sus enseñanzas. Descubrí, aunque no como generalidad, que hay apariencias físicas que otorgan indicios esenciales, que retratan individualidades y contextos. Esos hilos invisibles usted los supo captar. Al mirar por esas tantas ventanas, descubrí movimientos, añoranzas, ademanes, sueños, éticas de vida y formas de expresión bien reconocibles. Y hasta muchos de los conflictos expuestos, salvando distancias histórico-temporales, son referentes en las conductas humanas.

Con varias de sus amistades dialogué entonces. Con todas supe de su hidalguía de espíritu, de su sencillez no sólo al escribir sino para acercarse a las demás personas. Conocí de sus ojos amparados por unos espejuelos ya clásicos que siguen escudriñando ventanas y más ventanas de humanismo. A través de ellas, podría detectar los aires de bondad, de valía o los que despedían malos olores. Nada, que a pesar de sus espejuelos, se gastaba usted excelente vista acompañada de un olfato singular para detectar los vericuetos de los caracteres humanos.

Aprendí entonces a conversarle en la distancia. Sin saberlo se hizo mi cómplice. Y tiempo después, ya se sentaba a mi lado en las largas estancias en la Biblioteca Nacional “José Martí”. Las horas pasaban indetenibles y nuestras pláticas eran cada vez más profundas y cercanas. Allí le conocí como viajante de comercio, vendedor de medicamentos, guionista de la emisora radial Mil Diez, le vi haciendo preguntas y más preguntas a quienes vivían del carbón, de la pesca, de los sembrados y hasta disfruté como reía a carcajadas cada vez, que Juan Candela, hacía una de las suyas.

Con Francisca Viera (Cuca), su compañera de tantos años aprendí a entenderle mucho mejor y en los sillones de aquel balcón del Vedado, conocí anécdotas acerca de sus despistes y degusté con placer la alegría esencial de la familia Jorge Cardoso. Sus ventanas en un momento se habían mudado del campo a la ciudad, pero siempre mantuvieron la apertura necesaria para aprender de las sugerencias múltiples que trascendían en torno a quienes destilan mucha sabiduría. Cuando Estela estuvo con “los ojos suavemente cerrados y un brazo salido del asiento como sin rumbo fijo ni propósito para nunca más” reconocí que “se acaban millones de vidas a cada vuelta del mundo y empiezan otras”.

Conocí a Pepe Lesmes un hombre “al que se le volaban los hornos” y “le gustaba oírse” como al sinsonte que se baña con su canto “porque es su propia miel y de ella se embriaga el muy dichoso” y disfruté del arte de Samuel quien “por el puro gusto” de tocar su guitarra, despierta la sensibilidad de sus vecinos, quienes le soñaban vivo aun después de muerto, y una “ se encantaba de lo que oía y algo más que eso: si oyéndolo ponía uno el recuerdo sobre algo o alguien, entendía mejor su contorno y su sentido secreto”.

Con Carlitos el infante, que hace derroche de su imaginación y creatividad pude ver como “….por allá arriba van pasando, muy altas unas nubes que parecen diablos o flores. Depende de quién las nombre” Y me regocijaba cada vez que leía: … “Verde era todo, desde el suelo al aire y un olor a vida subiendo de las flores. Natural que la muerte se tapara la nariz”. Francisca, a fuerza de trabajo y optimismo es capaz de espantar a la mismísima muerte. Una comprende que su ingenio y cubanía también le llegan de un finísimo humor, no porque ahora se lo diga yo, sino porque la agudeza y belleza de sus narraciones fueron reconocidas por espíritus contemporáneos tan altos como el suyo, por ejemplo, el del poeta chileno Pablo Neruda (1904-1973).

Afortunadamente, se reconoce, con absoluto merecimiento, al Cuentero Mayor, aquel que nació en Calabazar de Sagua, el 11 de mayo de 1914 y tuvo el privilegio de ser un vaticinador, un ser humano que sin proponérselo se anticipaba a la realidad. Por ahí van los valores del arte, a pesar de primarios encasillamientos de su obra, como criollista o superficiales acercamientos a sus crónicas del alma humana según reconocimiento del uruguayo Mario Benedetti.

El lenguaje que usted utilizó en su cuentística combina la poesía y la síntesis y se desliza como pez en el agua frente a los ojos atónitos de sus lectores. Sin embargo, con tantas enseñanzas de vida ganadas con la lectura de sus cuentos, siento que precisamos saldar también deudas con este tiempo que no puede pasar sin redescubrir sus reportajes con Gente de Pueblo(1962) o Gente de nuevo pueblo (1981) como nuevos aprendizajes.

Cuentan quienes le acompañaban por esos días, que con la misma sencillez que nos hizo llegar sus cuentos, usted fue jefe de reportajes especiales en el Periódico Granma, jefe de redacción de Pueblo y Cultura y del Semanario Pionero, y hasta trabajó como guionista de documentales en el ICAIC y en la Sección Fílmica del Ejército Rebelde. De manera que ese sentir desde la piel del otro y esa habilidad para indagar que son dados al ejercicio periodístico fueron pilares de su creación toda.
Decía el Gabo que la virtud fundamental que hallaba en su obra es que “en verdad, no hay una sola mentira”.

Por eso, Onelio Jorge, la cercanía a este 29 de mayo, fecha en que hace 30 años usted alcanzó esa otra dimensión, que hace imborrable a quienes nos han transmitido conocimientos, energías, disfrute, sentí la necesidad de continuar extendiendo la invitación a redescubrir su versatilidad creadora más allá de esas primeras ventanas a las cuales me asomé, hace algunos años ya, como estudiante de letras.

domingo, 24 de enero de 2016

Los que “cuentan las historias” en Onelio Jorge Cardoso

  NOTA MÌA: El pasado año leí sus cuentos completos, releyendo muchos nuevamente y descubriendo otros, solo puedo decir, que sin dudas sigue siendo el cuentero mayor, una pena que casi esté en el olvido para las nuevas generaciones y en el extranjero sea un total desconocido.
 
 
Por: F. Vladimir Pérez Casal

onelio jorge cardoso
Retomo el teclado en un punto, motivado[i].

La especie humana pasa una parte de la vida calificando y clasificando, sucede con casi todo. Se “compara con…”, esto ha provocado y provocará más de una “bronca” entre novios”, porque se empieza por ahí precisamente, por comparar digo, es parte del proceso de aprendizaje y de aprehender tanto las cosas de la realidad como la realidad de las cosas. De esas operaciones salen y quedan las etiquetas, tanto para las personas como para las cosas; los ángeles –que no siempre lo son- ascienden o descienden, causan estragos o su contario; los demonios y quienes emponzoñan también, a veces se salvan algunos, otros no. ¡Las etiquetas, ay las etiquetas!

“En el principio…” fue la división de la producción del cuento en Hispanoamérica, a partir de Horacio Quiroga, en dos grandes grupos o corrientes; “…la criollista o impresionista y la psicológica o expresionista[ii] ”; así fue y fue tanto que se quedó la etiqueta para “siempre“; y de tanto repetirse ya casi era un axioma, tal como ocurre con las leyes que “supuestamente” rigen las cosas (incluido el mundo); algunos protestaron , pero ya había pasado el tiempo.

martes, 13 de mayo de 2014

Padura, la literatura, el compromiso

Cuando impugné el otorgamiento del Premio Nacional de Literatura a Leonardo Padura y afirmé que Eduardo Heras León debió recibirlo antes que él, creía –y creo– que la cuentística del Chino representaba un momento de la épica de la Revolución Cubana comenzante: pasarla por alto para premiar en su lugar una obra mucho más reciente implicaba olvidarnos de un momento esencial de nuestra literatura e incluso, de nuestra historia misma.
Escribí entonces –lo repito ahora–, que ello no implicaba desconocimiento o subvaloración de la obra narrativa de Padura ni, mucho menos, algún conflicto personal con el novelista.
Conocí a Padura en las aulas de la Escuela de Letras de la Universidad de la Habana –tal vez en los años en que se llamaba Facultad de Filología–, y si bien no fuimos amigos cercanos, hemos tenido siempre buenas relaciones. Lo recuerdo visitándome junto a Rigoberto López cuando ambos planeaban ese muy buen documental que se llamó “Yo soy del son a la salsa”, ganador del premio principal en una de la ediciones del Festival del Nuevo Cine Latinoamericano. Ambos querían escuchar conmigo los iniciales sones cubanos, los del Sexteto Habanero y el Trío Matamoros, que yo empezaba a atesorar en viejas cintas y, sobre todo, charlar sobre ellos, que era hacerlo sobre nuestra música. Después, estuvimos implicados Padura y yo en un proyecto que no llegó a materializarse: hacer una suerte de curso sobre la música popular cubana, que se llevaría a cabo en Palma de Mallorca, con el auspicio de la Universidad de las Islas Baleares y la gestión del común amigo Gonçal López Nadal. Alguna vez estuvimos Gonçal y yo, en el ámbito del hogar de Padura, en Mantilla.

lunes, 5 de mayo de 2014

Comentario de Atilio A. Boron sobre una entrevista a Leonardo Padura

NOTA MIA: Como plantea un intelectual español, la grandeza de la Revolución Cubana, es que aún en sus errores, muestra otra manera de medir, otra manera de buscar una salida humana a los problemas que  toda sociedad enfrenta. Y lo que le pasa a Padura, es que él sabe bien, que se podrá ser muy buen escritor, pero los premios no se dan por ello, sino por formar parte del mercado de vanidades de las grandes editoras y sobre todo del coro de los desmemoriados (selectivamente por supuesto).

 
Atilio A. Boron 
Tengo un gran respeto por Leonardo Padura, que ha escrito algunos textos notables (y polémicos) como El hombre que amaba a los perros. En los próximos días presentará en la Feria del Libro de Buenos Aires su más reciente obra: El viaje más largo, una crónica sobre la Cuba de los años ochenta y noventa del siglo pasado. Hoy, Domingo 4 de Mayo, el diario La Nación de Buenos Aires publica una larga entrevista con este autor y en la cual ofrece un balance muy negativo sobre la Revolución Cubana. Obviamente, cualquier proceso histórico tiene aciertos y errores, logros y fracasos. El problema con Padura es que los primeros no aparecen en su diagnóstico sobre aquellos años, durísimos sin duda, del "período especial". ¿Pero será que no hubo ninguno en la Cuba revolucionaria, que todo estuvo mal? ¿Es posible olvidarse de conquistas históricas tales como la alfabetización universal y la enorme expansión del sistema educacional, los avances en materia de salud, la tasa de mortalidad infantil más reducida de las Américas, el acceso universal a la cultura en todas sus expresiones, la seguridad social, el internacionalismo como expresión de la solidaridad a escala mundial, para no citar sino las más evidentes? Se podría decir que estos logros ya no bastan pero, ¿cómo es posible que los fracasos o distorsiones de la revolución, que según Padura provocan "la nostalgia, el desencanto, las esperanzas perdidas" de una sociedad, puedan ser señaladas sin decir una palabra sobre el imperialismo norteamericano y su criminal bloqueo de 55 años a Cuba? Sin esa imprescindible referencia cualquier crítica a un proceso político concreto se desliza al terreno de la denuncia abstracta y, por lo tanto, insanablemente equivocada producto de su miope unilateralismo. Así la Revolución habría fracasado por la ineptitud de su dirigencia, a Allende lo derrocaron por los errores de su política económica, a Arbenz por su imprudencia al pretender atacar el saqueo que perpetraba la United Fruit, Juan Bosch fue depuesto por su terca intransigencia frente al imperio, la Revolución Bolivariana está amenazada por su incompetencia y así sucesivamente. Desaparecen el proceso histórico y el entramado internacional en el cual éste se desenvuelve y que, en el caso de Cuba, revela la antiquísima obsesión norteamericana por apoderarse de la Isla; se esfuma la lucha de clases en el plano internacional y el sobresaliente papel que le tocó jugar a Cuba para, por ejemplo, hacer posible la derrota del apartheid en Sudáfrica y de los imperialistas en Angola; y se hace caso omiso del hecho de que la mayor potencia económica y militar de la historia se ha empecinado, hasta el día de hoy y con todas sus fuerzas, en hostigar y sabotear a la Revolución Cubana. Va de suyo que no se puede ni se deben ignorar los factores endógenos causantes -en parte y sólo en parte- de los problemas denunciados por Padura. Pero un diagnóstico riguroso debe recrear, en el plano del análisis, la totalidad del momento histórico en donde los factores internos y externos se encuentran dialécticamente entrelazados. El inventario de los errores y las insuficiencias de la Revolución es incomprensible, un galimatías infernal, en ausencia de una adecuada contextualización. Creo, modestamente, que quien no esté dispuesto a hablar del imperialismo norteamericano debería llamarse a un prudente silencio a la hora de emitir una opinión sobre la realidad cubana.

(tomado de La Isla Desconocida)

lunes, 6 de enero de 2014

Literatura invisible


Leonardo Padura Fuentes.
Leonardo Padura Fuentes.
La concesión de los dos más recientes premios nacionales de literatura – los otorgados a Leonardo Padura y Reina María Rodríguez – me han ayudado a acabar de definir unas ideas cuyo germen tenía en mente desde meses atrás.
Lo primero que me gustaría aclarar es que admiro la obra del novelista y la poetisa.

La poesía de Reina María (su autora está llegando ahora a los sesenta años) me interesó desde que apareció La gente de mi barrio, el primero de sus poemarios.

Me pareció entonces que, de modo bastante obvio, ese libro estaba en la dirección de la poesía que venía, en estilo y asuntos poéticos, de la manera que caracterizó nuestros años sesenta, desde el cuaderno que mejor y primero la representó, que fue Historia antigua, de Roberto Fernández Retamar, de 1965.

No tuve duda entonces que tanto por su fecha de nacimiento como por su trabajo poético, Reina María se colocaba como un claro final de la poesía conversacional que había sido el centro del trabajo de los poetas de mi generación aunque, en manera alguna, constituyó el único modo que ella tuvo de expresarse.

Puedo decir que, cuando en 1984 fui miembro del jurado de poesía del Premio Casa, me complació contribuir a otorgarle a Reina María ese importante premio por su libro Para un cordero blanco.

A la poesía conversacional rinde también tributo la voz de Nancy Morejón (1944) con poemarios como Amor. ciudad atribuida y, sobre todo, Richard trajo su flauta y otros argumentos, de 1967. Pero, después, la poesía de Nancy enrumba por caminos diferentes: el hallazgo poético de su negritud y el culto a una expresión signada por el amor a la palabra lujosa, que le trae su formación en la tradición poética francesa. Pero Nancy tiene, desde bien temprano, el premio nacional de literatura, que todavía le falta a otra esencial voz femenina que –a mi modo de ver– debió recibirlo antes que Reina María. Estoy hablando de Lina de Feria.

Todavía más que la de Nancy, la de Lina representa esa poesía de la oscuridad, del enriquecedor laberinto de la palabra que, en la poesía cubana, permanentemente aparece al lado de la poesía de la claridad. Creo que, además, Lina ha tenido más incidencia que Reina María en el trabajo de las nuevas promociones de poetas cubanos.

A ese ámbito casaliano de la oscuridad, pertenece también la obra de Raúl Hernández Novás, a quien se ha colocado como representante de la “generación de los años ochenta”, denominada por algún crítico por su fecha de irrupción en la difusión de la literatura pero, como se ve, en la que puede resultar esencial una voz que pertenece a la generación que la precede.

Nacido en 1947 – tres años después que Nancy Morejón y Luis Rogelio Nogueras, dos después que Raúl Rivero – Hernández Novás es un hombre de esa generación, que no pudo expresarse en los años setenta, en los que le habría correspondido naturalmente comenzar a publicar, porque es ese el momento dogmático del Quinquenio Gris, en la que no es admitida una poesía como la de Raúl, que tiene que esperar hasta los años ochenta para empezar a darse a conocer. Pero esa circunstancia sociológica no autoriza un cambio de generación.


Reina María Rodríguez.

Ante la reaparición televisiva de algunos de los más destacados impulsores de la política cultural del Quinquenio, una zona de nuestra intelectualidad reaccionó vivamente, temiendo la reaparición efectiva de ellos en la dirección de la cultura.
A través de la que se llamó en esos días “la guerra de los correos”, se dijeron electrónicamente las cosas que no se pudieron decir en los años setenta y, de alguna manera, fue también llover sobre mojado.

El caso de Raúl Hernández Novás y el de mi propio poemario El libro rojo, aparecido muchos años después de 1971 – cuando debió editarse, después de haber sido finalista en el Premio Casa – nos están indicando que hace rato sonó la hora de cesar las repetitivas quejas sobre el Quinquenio y, en su lugar, precisar que procesos cortó, cuáles obras interrumpió y de qué manera alteró el proceso de nuestra literatura.

Aunque no he sido íntimo de Leonardo Padura, creo que tengo una buena relación con él y, sobre todo, he sido un admirador de su obra narrativa. Mi voto fue el que, en muy reñida decisión, decidió el otorgamiento del premio de la crítica a su obra La novela de mi vida, sobre la esencial figura que es, para la literatura cubana, José María Heredia.

Me hubiera parecido su novela mejor, si no hubiera sido porque, a la ácida crítica de Padura a Domingo Delmonte, le faltó un aspecto esencial: consignar el equivocado rechazo de Delmonte a los hallazgos románticos del poema herediano. Acaso Padura – narrador y no poeta – no pudo adentrarse en esa manquedad esencial de la sin duda muy calificada crítica delmontina. Por ello, entre sus novelas, sigo prefiriendo la excelente La neblina del ayer.

miércoles, 10 de abril de 2013

Óleo de barco… (un cuento de Eduardo Heras León )



La imagen inmortaliza uno de los actos terroristas promovidos por la CIA contra el pueblo cubano.


















Hacia el mediodía, los talleres de la fábrica eran un aletear de gente y una marea de calor, y nosotros, acabados de almorzar, buscábamos rincones de sombra, minúsculos espacios bendecidos por la brisa, para descansar los escasos minutos del receso. Yo salí del comedor en estado de absoluta plenitud, y subí los escalones en dirección al taller de fundición. Apenas me asomé a la entrada, el sonido de los pisones en el área de moldeo me entumeció los oídos. “Uno nunca se acostumbra a este ruido infernal”, pensé. Crucé apresuradamente el área evitando la zona de vertido. Unos minutos antes habían terminado una colada y las cajas de moldeo todavía echaban humo y contaminaban aún más aquella atmósfera irrespirable. El calor era agobiante y yo quería llegar cuanto antes al taller de acabado. Había descubierto allí un espacio donde el sol y el silencio merodeaban sin estorbarse, y la brisa corría a través de un enorme boquete en el fibrocemento de una de las paredes. Era un extraño oasis en medio de aquella resaca de ruidos, polvo y calor.

Entonces lo vi.

jueves, 21 de febrero de 2013

Falleció el escritor alemán Otfried Preußler


Otfried Preußler, uno de los autores contemporáneos de literatura infantojuvenil más renombrados de Alemania, falleció el lunes a los 89 años en Prien am Chiemsee. Preußler escribió, entre otras, obras como “La brujita” (Die Kleine Hexe), y Krabat, de lectura obligada en escuelas secundarias alemanas. La muerte de Preußler fue notificada por la editorial Thienemann este miércoles en Stuttgart. Su primer libro fue “Der Kleine Wassermann”. Otfried Preußler es considerado uno de los más grandes narradores de la literatura alemana para niños y jóvenes. (dpad)

NOTA MÌA: No se si tiene traducciones al castellano, sus libros han sido parte de la infancia de mis hijos. Descanse en paz.

miércoles, 5 de septiembre de 2012

Gumersindo Pacheco: “A la caza de lo extraordinario”

Helen H. Hormilla • La Habana
Foto: Ernesto G

Tendría unos 12 años cuando leí por primera vez a Gumersindo Pacheco. Sin conocer el origen del autor, probablemente todavía muy joven, mi madre puso en mis manos María Virginia está de vacaciones, cuya portada de fondo azul reproducía una simpática ilustración de una muchacha flacucha y algo despeinada, que, según descubriría después, traía por las nubes —o en la luna de Valencia— al protagonista. Las peripecias y enamoramiento de aquel jovenzuelo soñador me atraparon instantáneamente, al punto de recluirme varios días en la lectura soltando carcajadas en la más absoluta soledad. Pasé el libro a mi mejor amiga, como un descubrimiento trascendente, y desde entonces se nos volvió costumbre regresar a sus páginas cada cierto tiempo. El ejemplar lo extravié en uno de esos trayectos, pero 13 años después pude regalarle a mi hermana adolescente la nueva edición de Gente Nueva, en una especie de heredada revelación.

sábado, 25 de agosto de 2012

Las comidas de Lezama Lima


20120524225459-las-comidas-de-lezama-lima-cubierta-1-.jpgLa cocina contada
Por Ciro Bianchi Ross


De la natilla se habla en Paradiso (1966). Doña Augusta, la abuela de José Cemí, mantiene, pese a sus años, el orgullo de «dulcera» y se siente incontrovertible en lo que a almíbares y a pastas se refiere. Muy pronto, en las páginas iniciales de la novela, Augusta y su hija Rialta conversan sobre la repostería cubana y aluden a las yemas dobles y a la natilla, «no como las que se comen hoy, que parecen de fonda, sino de las que tienen algo de flan, algo de pudín».

lunes, 6 de agosto de 2012

Metamorfosis de un nombre (un cuento de Enrique Núñez Rodríguez)



El significado de un nombre puede cambiar a lo largo de una vida. La primera Adriana que recuerdo fue una maestra de primaria de la escuela pública para hembras en mi pueblo. Ella, Ana María y Carolina Lasarte eran de aquellas sacrificadas mujeres que dedicaron su existencia a la educación de los más pobres de mi municipio. Se decía escuela pública y era, en realidad, la más privada de todas: privada de libros, privada de libretas, privada de lápices, privada hasta de pupitres.
Otra mujer sacrificada, Adriana del Castillo, se introdujo en mis lecturas cuando escribía un serial de televisión que recogía episodios de la guerra, en épocas de Carlos Manuel de Céspedes y Francisco Vicente Aguilera.
Recluida en su casa de Bayamo, víctima de la tuberculosis, el gobernador Udaeta le asignó, para su atención, a un médico cubano que servía en el ejército español. Al salir de su inconsciencia, Adriana rechazó la presencia del médico alegando: “con ese uniforme usted no puede curarme, yo no le permito que me atienda”. Y volvió a quedar sin conocimiento. Pocas horas después Adriana abría los ojos. Allí estaba el médico cubano al servicio del ejército español. Adriana se incorporó con dolor en la cama y comenzó a cantar: Al combate corred bayameses, que la Patria os contempla orgullosa, no temáis una muerte gloriosa, que morir por la Patria es vivir, y se desplomó definitivamente.
Digna hija de Luz Vázquez, a la que Céspedes, Fornaris y del Castillo le dedicaron la famosa “Bayamesa”, Adriana rubricó su vida con uno de los más emocionantes momentos de la historia patria.
Otra Adriana que iba a ganarse su puesto en la historia fue sencillamente Adriana, la compañera de mi hija que prestaba servicios en la Embajada de Cuba en España. Sólo la conocía entonces como la compañera que nos alegraba, de cuando en cuando, con noticias frescas acabadas de llegar de Madrid.
Su nombre volvió junto a un mensaje tranquilizador: mi hija, primeriza y muy joven, estaba próxima a dar a luz. Adriana, ya para entonces madre de tres simpáticos niños, había decidido, con el consentimiento de su esposo Palenzuela, mudarse por unos días al apartamento de mi hija para estar junto a ella cuando llegara el difícil trance de su primer parto. Después llegó la foto de Adriana sosteniendo en brazos a mi primer nieto.
El nieto, al que empezamos a llamarle “el Galleguito”, se reveló apenas cumplidos los cinco años cuando afirmó: “Yo nací en Madrid, pero al servicio de la embajada cubana, así que no soy gallego, yo soy cubano”.
Luego Adriana era portadora de amables mensajes cuando venía de vacaciones a Cuba y, algún tiempo después, llegó la noticia entre otras informaciones familiares: Adriana se trasladaba a la embajada en Portugal. Allí iba a sellar su destino con la historia.
Narraré sencillamente los hechos como me llegaron entonces. No he querido realizar una investigación histórica. Me limito a narrarlos aquí como los conocí entre los asuntos familiares más entrañables de aquellos momentos.
Eran días duros en que terroristas de origen cubano realizaban atentados contra nuestras representaciones en el exterior. Un día se supo en nuestra embajada en Portugal que habían colocado una bomba en el edificio. Se dio la orden de que todos los funcionarios y empleados se retiraran hacia
una habitación que resultaba la más protegida contra la fuerza expansiva del artefacto. Todo el mundo cumplió la orden. Adriana con ellos. Entonces se notó la ausencia del clavista que trabajaba en uno de
los lugares más vulnerables. Sin consultarlo con nadie Adriana fue a avisarle a su compañero Efrén Monteagudo y, en ese momento, estalló la bomba.
Desde entonces, para nosotros, y para toda Cuba, Adriana dejó de ser la compañera de mi hija, la funcionaria de la embajada cubana en España, la esposa de Palenzuela, y se convirtió para siempre en un nombre que nos acompañará toda la vida: Adriana Corcho, mártir.
Nota: El 22 de abril de 1976 en la Embajada de Cuba en Portugal estalló una bomba colocada por terroristas.

ANTONIO CONTE: LA POESIA, LA HERMANDAD, LAS DEDICATORIAS, LA VIDA

Fue a través del Villa, del Chino Héctor Villaverde, amigo común y casi ancestral, que llegó hace unos días la noticia de que Conte, el hermano Antonio Conte, había fallecido de un ataque cardíaco en Miami.
 
Quiero reunir en esta nota algunas referencias de su poesía, recuerdos comunes, homenajes a la amistad persistente y compartir esta noticia que todavía no ha tenido espacio en ningún medio de comunicación de la Isla, hasta donde sé. En algunos medios –sobre todo digitales– de otros lugares ha aparecido la noticia, muchas veces manipulada a favor de los desencuentros y las obsesiones a veces patológicas que viven algunos sectores en relación con la Isla.
 
 
Por eso me pongo a hilvanar estas líneas, tomando, montando textos que reuní rápidamente en estos días, entre la nostalgia y la tristeza, para recordar a alguien que fue un hermano –por las coincidencias de origen de clase, por la obra que escribimos desde la misma poética, por las ideas que compartimos sobre la vida, la historia, la revolución– aunque viviéramos los últimos 20 años en lugares distintos y las coincidencias se redujeran.
 
Quiero hacerlo para que no sólo se encuentren ahora en internet –y después en la memoria– las notas que he estado viendo, y para que se conozcan, también y sobre todo aquí, estas palabras de recordación y de homenaje para un poeta cuya obra pertenece a la cultura cubana –haya muerto donde haya muerto. Y para que se hable algo de su vida –con sus contradicciones, fulgores, tristezas y alegrías: como toda vida. Para que comiencen a aparecer con esta nota urgente, entre la manipulación y el silencio, otras aproximaciones que le hagan justicia –compleja: como toda justicia– a su obra y a su vida.
 
No quería ni quiero hacer una de esas notas necrológicas al uso, que casi siempre detesto por las concesiones que a veces hacen al formalismo y a las coyunturas y porque generalmente son textos en los que no caben el afecto o la pasión, ni los matices. Por eso quiero, en todo caso, ofrecer aquí las informaciones imprescindibles, pero desde el ángulo de este montaje de referencias, recuerdos e imágenes.
 
Conte es uno de los poetas de la llamada generación del Caimán porque allí publicamos nuestra presentación de credenciales, en el primer número, en el Opus 1, de 1966. En aquel temprano y apasionado manifiesto titulado “Nos pronunciamos” confesábamos que“no renunciamos a los llamados temas no sociales porque no creemos en temas no sociales. El amor, el conflicto del hombre con la muerte, son circunstancias que afectan a todos, como es íntimo, personal, el auténtico fervor revolucionario”y “consideramos que toda palabra cabe en la poesía, ya sea carajo o corazón”.
 
Tres años después, en 1969, apareció el primer libro de Conte, Afiche rojo, en la Colección David de la UNEAC, que se había iniciado en 1967 con un texto ganador en la primera edición del concurso homónimo, Cabeza de zanahoria, también el libro iniciático de otro poeta del Caimán, Luis Rogelio Nogueras, Wichy. Entre los años 67 y 68 aparecerían en esa misma colección las primeras obras de otros poetas de aquella generación: Félix Contreras, Sigifredo Alvarez Conesa y José Yanes, este último recientemente fallecido fuera de la Isla.
 
Portada del libro Afiche Rojo (1969)Reuniendo y releyendo al paso los textos para compartir en esta nota encontré el ejemplar de aquel Afiche rojo, con esta dedicatoria: “Antonio Conte cuelga de los cuernos de “diablito” de Victorino (la hermanada) este afichazo con la esperanza en que después del cielo Víctor me quiera un poco más, un cosmos de amor. Octubre. Año lunar”. En aquel Afiche estaba su poesía vallejiana e inquietante, amorosa y aguda. Ahí nos traía los poemas que había escrito para las diversas mujeres que había amado o amaba, junto a declaraciones de principio que la época convulsa y transformadora  nos solicitaba todos los días:
 
 
REVOLUCION
 
disparato inclusive las trastiendas.
el amor es un tango, me dijeron dos vírgenes
creadas por la imaginación.
 
que nadie crea que mañana estaremos complacidos
de tener lo que sea.
cuando se piensa en ti, suave es el sueño, y el pensar
ambiciona la ternura más honda; pero escucha:
nunca te vayas a creer que el mundo
se puede componer sembrando panes.
 
La amistad que la dedicatoria anterior delata había comenzado a nacer un poco antes, en la redacción de la revista Mella, junto a Villaverde, Silvio Rodriguez, Virgilio Martínez, Guillermo Rosales y otros periodistas jóvenes de entonces. Además de la poesía, el periodismo y después el cine serían terrenos de la creación en que coincidiríamos de una manera u otra en los años siguientes cuando Conte fue sucesivamente reportero de la revista Cuba, guionista de documentales en la Sección Fílmica del MINFAR y jefe de redacción de la revista Cine Cubano, en el ICAIC: cargo que había ejercido hasta 1985 Wichy Nogueras.
 
Portada del libro Con la prisa del fuego (1981) En esos años Conte fue combatiente internacionalista en Angola. De allá trajo, sobre todo, la experiencia cruda de la guerra y un libro de poemas con el que ganaría primera mención en el concurso de la UNEAC en 1979: Con la prisa del fuego, que sería publicado dos años más tarde por la Editorial Letras Cubanas. La dedicatoria del ejemplar que tengo aquí ahora está fechada en 1983 y dice: “Antonio Conte dona estos versos de amor y combate a Víctor y su familia de ternura, y los ama hoy, mañana y siempre”.
 
Los poemas de ese libro son sobre todo documentos de aquella experiencia vivida por el poeta en tierras africanas: de las gentes y los contextos y los paisajes que conoció, vivió y sufrió. Son por lo
general textos sin métricas ni rimas evidentes, dentro de esa línea de tono conversacional que
define su poesía escrita en esos años. Pero también hay ejemplos de poemas medidos con destreza y sabiduría, como el soneto que dedica a Nicolás Guillén y este otro, “para Eliseo Diego, innumerable”:
 
 HACE CALOR AQUÍ
 
Vivo callando en juego con las balas,
cañones de dos filos, aguaceros;
y tantos, tantos besos prisioneros
como versos habitan en sus salas.
 
Vivo al sol, al insomnio, a las galas
de ser sin ser yo mismo, franco y fiero,
empuñando la noche en el acero
de un fusil y un recuerdo con dos alas
 
para volar a donde usted responde
por las cosas ocultas y habituales;
para hablar con usted, que se me esconde
en tiernos laberintos tan amables,
que estamos, usted y yo, quién sabe dónde,
peleando con mis armas y sus sables.
 
Conte distribuyó amistad y amor en las dedicatorias de sus libros y de sus poemas y en la cotidianidad inaplazable de la vida. Por eso seguramente encontré hace muy pocos días este comentario escrito por Silvio en su blog en evolución Segunda cita (www.segundacita.blogspot.com):
 
Ayer se nos fue Antonio Conte, uno de los poetas que menciono en la notita que dejé en la tumba de Vallejo, la segunda vez que estuve en París. Conte fue mi amigo y quiero creer que lo fue hasta el día de ayer, porque desde hace años vivía fuera de Cuba y hacía mucho que no nos comunicábamos. Yo nunca he dejado de sentirme su amigo y así continuaré. Antonio era una persona maravillosa, un gran admirador de Vallejo, por quien le puso César a su hijo. Siempre lo recuerdo cuando vivía con Macucha y su hijito, en el apartamento de 84, a una cuadra de 5ta Avenida. Verde amor expansivo a la eternidad de Antonio Conte.
 
En el momento en que leía ese comentario de Silvio probablemente comenzó a escribirse esta crónica de la amistad para Conte. Allí escribí: “Conte fue un hermanito querido entre los poetas de nuestra generación, la del Caimán Barbudo, vallejiano de raíz, ingenuo, sonriente y sufridor. (…) Ahora, buscando rápidamente cosas de Conte aquí en la compu para compartirlas con ustedes, encontré la lista de canciones y poemas del concierto Sivio y nosotros, con el que recordamos en el patio del Centro Pablo el primer concierto público de Silvio, Teresita y nosotros, organizado por los poetas del Caimán en Bellas Artes, en julio del 67”. En Silvio y nosotros, el actor Jorge Perugorría leyó textos de los poetas de nuestra generación, en un montaje que alternaba la poesía escrita con la poesía cantada de las obras de Silvio. Allí se escuchó este poema vallejiano de Conte:
 
INFANCIA
los niños, allá afuera
gritan, despedazan el césped,
ambicionan la esfera musculosa para patearla;
se escurren entre cercas, se golpean,
se abrazan fuera del tiempo
como si con eso entrelazaran los continentes.
los niños, allá afuera
les van creciendo el corazón a travesuras,
a rasguños, a reírse de los mayores,
y se sienten felices de tirotear los pájaros.
 
El poema recordaba una de las temáticas presentes en la obra poética de Conte y de sus compañeros de generación, la visión cercana y crítica de la infancia, y a mí me recordó ahora la mención que hace Silvio de la familia de Conte, de Macuchita, y los hijos de ambos, con nombres-homenajes a Vallejo: César Abraham y Trilce.
 
Portada del libro Ausencias y peldaños (1996)Trilce Editores se llama precisamente la casa que publicó el otro libro de Conte que tengo aquí ahora. Se titula Ausencias y peldaños y su publicación está fechada en Santa Fe de Bogotá en el mes de junio de 1996. Se trata de un inusual volumen dúplex, que incluye en realidad dos libros inversamente yustapuestos: el de Conte y el de Luz Helena Cordero, su compañera de entonces, titulado Óyeme con los ojos. Conte dedicó así el volumen que tengo aquí el 17 de octubre del 96: “Hermano Víctor, hermana María: siempre, siempre con Ausencias y peldaños los llevo lejos de los ojos, muy cerca del corazón”.
 
En esa contradictoria mezcla de lejanías y cercanías estuvimos todos los años restantes, hasta ahora. Sólo nos vimos en una ocasión, pocos años después, en Miami, después que Conte se moviera hacia aquella ciudad desde Bogotá, donde se le uniría su compañera colombiana. Ese pasó no se concretó, al menos de manera estable, y Conte quedó viviendo allí hasta el 31 de julio pasado. En aquel momento no hubo nuevos libros dedicados, pero sí la alegría de un reencuentro cercano en una tercera fase diferente, mutuamente respetada, en la que la amistad sobrevivía –vive– entre las lejanías y las cercanías.
 
Nunca hablamos de su decisión de quedar viviendo en Bogotá en los 90 (¡ah, esos 90!) y tampoco de su decisión posterior de trasladar su lugar de residencia a Miami. Siempre pensé que aquel movimiento tuvo que ver con necesidades de estabilidad económica, porque tenía familiares viviendo allí desde muchos años atrás. Lo vi entonces en un momento difícil, porque acababa de llegar y vivía todavía en la casa de un familiar. La continuidad de la relación amorosa no se produciría, según supe. Probablemente el aspecto económico se resolvió poco después. No sé cómo le fue posteriormente en el importante terreno de los amores y los afectos, que fue una necesidad y una práctica constante en la vida de Conte. Triste y vallejiano, amante mundial (para robar un verso de un hermano común, Juan Gelman) y practicante y creyente de la amistad, sobre todo la que se afinca en las coincidencias (aunque éstas se reduzcan, a veces dramáticamente) y entre las lejanías y las cercanías: las memorables y las jodidas.
 
No sé si en los años posteriores, en esta década pasada de los 2000, publicó algún libro de poemas. Ahora, en las noticias breves de estos días, he visto un título que no conozco. Busqué en los magníficos archivos oceánicos, inabarcables –a veces confusos– de internet, pero no encontré mucho, después de navegar espesamente en la avalancha de información sobre una persona con el mismo nombre y apellido que tiene al parecer notoriedad en aspectos del deporte y de los negocios no transparentes. Recordé el título del primer libro de Conte, Grises, inédito en aquellos años, y que no sé si incluiría en alguna recopilación posterior.
 
Profesionalmente Conte se dedicó durante estos años al periodismo, hasta su jubilación hace poco tiempo. Trabajó como redactor y corrector, según leí en estos días, en una agencia de noticias radicada en Miami. Conozco las características de la  producción periodística de esa entidad porque he recibido, durante años, sus boletines enviados a través del correo electrónico. Nunca vi trabajos de Conte incluidos en ellos, al menos hasta que comencé a borrarlos sin leerlos para no ocupar el tiempo en mensajes que no rebasaban la chismografía política de tercer orden y la persistencia de noticias risibles sobre la realidad de la Isla en la que yo vivía.
 
Guillermo Rodríguez Rivera, Wichy Nogueras, Víctor Casaus, Raul Rivero, Antonio Conte, César Vallejo, Silvio Rodríguez Ahora una amiga ha enviado al blog Segunda Cita una crónica de Conte del año 2009 que ella encontró en estos días en internet. No sé dónde se publicaría inicialmente. Quisiera encontrar otros textos como ese, homenaje a la memoria personal y a la memoria cultural de aquellos años que he estado recordando en esta crónica. En la suya, titulada “De donde son los poetas”, Conte recuerda el día en que se preparó, en el patio de la casa de Guillermo Rodríguez Rivera, una foto en la que aparecerían, sentados junto a César Vallejo algunos de los poetas de la generación del Caimán: el propio Guillermo, Wichy, Silvio, Raúl Rivero, Conte y el que ahora teclea.
 
Voy a publicar en estos días esa crónica, con una pequeña introducción sobre la foto generacional-vallejiana que después ha tenido momentos importantes de difusión, como su inclusión en el disco Érase que se era, de Silvio.
 
Y voy a enviar ahora, para publicarla en los lugares publicables, esta crónica que aquí termina dedicada a Conte y, con él, a la poesía, la hermandad, las dedicatorias y la vida.
 
Víctor Casaus

jueves, 7 de junio de 2012

Por culpa de un jodido bicho español (un cuento de Daniel Chavarría)



No, hombre, no. Matar por matar es una babosada. Yo no soy d’esos majes sádicos que gozan con el sufrimiento de los demás. Yo me enculé de la profesión cuando vi las películas de Rambo y después la del Chacal. Y ahí sí, compadre, descubrí que ése era mi toque. Y me di una entusiasmada que me puse a matar de choto, nomás por practicar. Y desde que hice mis primeros trabajitos ya no quise otro oficio. [...] No pues, lo del circo y el toquecito en el Two Shows era pa’cogerme a las mamacitas ricas… [...] Va pues, como cualquiera, pa’vivir bien y ganar buena plata. [...] Claro, a mí lo que me gusta es alquilar avionetas y tirarme en paracaídas, y comer bien y dejar propinas, y siempre pensé que cuando ganara mucho pisto me iba a ir a Las Vegas, en primera, claro, y allí me iba a coger unas cuantas cheles de las más caras, como haría el Chacal. [...] Claro, él se ganaba un vergo en cada trabajo. [...] ¿A mí? Una babosada, pues. Sólo treinta mil pesos por cada bomba. [...] Unos tres mil quinientos dólares. [...] Bueno, pero por algo se empieza. [...] A ver, dejáme que me acuerde, le compré una caja de música a mi mamá, unas toallas de lujo a mi cipota, y pasé con ella unos días en un hotel de cinco estrellas. [...] Así mismo fue, cuando volví de mi primer viaje a Cuba. Y aquí también la pasé de a verga con unas cubanas que estaban como Dios manda, en hoteles con piscina y fijáte vos que…. [...] ¿Cómo? [...] Sí, pero ¿vos sabés que es lo que más me llega de mi trabajo? Pues lo arrecho que es, y nada más por la aventura y el peligro, hasta de choto sería capaz de trabajar… [...] ¿Cómo decís? [...] Bueno, pues, al principio, joder por encargo no es tan chiche, depende de dónde sea y de cómo se presente la cosa, porque a veces tenés que trabajar en una calle llena de gente, y te parece que todo el jodido mundo te está mirando, y entonces te agüevás, pero después, cuando agarrás confianza y aprendés a trabajar suave, sin apuro, todo te vale verga. [...] No, hombre, porque cuando te ponés a practicar, vos mismo te buscás un lugar apartado y oscuro, y ahí no hay por qué agüevarse, si hasta divertido resulta, pero cuando la cosa es por encargo… [...] No, fijáte que la primera vez, en Guatemala, después de meterle tres balazos a un maje, salí tan jalao en la moto que casi me hago mierda contra un camión… [...] ¿Miedo de hablar? No, hombre, si total, yo ya no tengo nada que perder. El abogado dice que seguro me van a rebajar la pena a treinta años. Y Fidel no gana nada con fusilarme, porque hoy día la pena de muerte va contra los derechos humanos. Bueno…, vos sabés pues, que en los Estados Unidos todo es democrático. Y yo aquí chévere, con el futuro asegurado, porque cuando este gobierno se caiga y vengan a gobernar los de Miami, me van a soltar. [...] ¿De qué te reís, hijueputa? Yo voy a ser un héroe de la democracia y los derechos humanos, pero pa’qué te platico si vos d’eso no entendés ni mierda. [...] No señor, la democracia chévere es la de los gringos, donde hay de todo, de lo bueno y de lo malo, pa’elegir, y donde todo está revuelto, porque las flores nacen del fango, y las plantas se abonan con mierda. [...] Y eso es lo que a mí me gusta, que haya flores y mierda, y que haya leyes también, sí señor, y que haya trabajo pa’todo el mundo, y que la gente decente encuentre un trabajo bueno, y que los hijueputas como vos, también puedan ganarse la vida trabajando pa’los narcos, o como yo, jodiendo gente por encargo, cada cual según su capacidá, pero haciendo lo que a uno más le llega en la vida ¿m’entendés? [...] Va pues, pero eso ya te lo expliqué, pendejo… [...] No, lo que pasó fue que después de ver Rambo y el Chacal, todos los bichos de El Salvador queríamos ser como ellos. ¿Te acordás de la escena en que el Chacal agarra una sandía del tamaño de la cabeza de un cristiano y la revienta de un tiro? Yo la vi diecisiete veces… [...] ¿Que si me gustó? Y también me llegó al corazón ver lo vergón que vive el Chacal, y cómo se viste, y los pañuelitos que se amarra en el pescuezo, y los buenos modales con que come. ¿Y por qué yo no podía ser un caballero como él? En la democracia todo es posible. Y lo primero que hice, para ver si yo también tenía la sangre fría, fue ponerme a practicar… Claro, a matar gente de choto. Me güevié un taxi en San Salvador y me fui a la Zacamil, cuando ya estaba oscurito… [...] No, pendejo, te dije oscurito. Oscurecido ya, ¿quién putas se va a atrever a andar por la Zacamil? Y allí me paré en una esquina, por donde está el cine, y al primer maje que se me acercó le metí un tiro en la cabeza. [...] No, hombre, yo primero lo llamé para preguntarle una dirección, y al verlo acercarse pensé, pobre hijueputa, si vos supieras…, pero lo que me salió fue decirle moríte cabrón, te llegó tu día, y buuum, y al ver cómo le reventaba la cabeza me sentí igual que el Chacal con la sandilla, todo un profesional, ¿m’entendés? Pero no es porque me guste matar. Yo sólo quería aprender a hacer las cosas bien, y estar seguro de no sentir miedo, ni arrepentimiento, ni nada d’eso que te enseñan los curas. Y ahí fue que supe que sin ser gringo ni inglés, ni chele como el Chacal, yo también podía ser un buen killer. [...] Al otro día, cuando vi la foto del chero, un estudiante de la U que salía de la casa de la novia, tampoco me dio nada. En la prensa, la foto en colores mostraba clarito la sangre y los sesos que habían chispiado un poste y la pared de una casa vecina. [...] Sí, y a los pocos días jodí a un ciclista. Lo paré cuando iba llegando a Santa Tecla, bajo La Ceiba, y también le volé la cabeza con un tiro de cuarenta y cinco. Y cuando me enteré de que tenía catorce años y vivía con su mamá y que era el tercero de cinco hermanos sin tata, me di cuenta que le había hecho un favor. Y a lo mejor también se lo hice al italiano. [...] Sí, al que maté con la bomba del hotel Copacabana… [...] ¿Vos no conocés el cuento del pajarito que se estaba muriendo de frío y le cae encima la plasta de una vaca? [...] Claro, en el calorcito revivió, pero al mediodía se secó la mierda y se puso dura, y el pajarito empezó a menearse para tratar de salir, y al ver que la plasta seca se movía, lo vio un zorro y se lo comió. Y eso te enseña que no todo el que te caga te quiere joder; y que no todo el que te quita mierda de encima te quiere salvar; y que el que tiene mierda encima, no puede andar moviéndose mucho. [...] ¿Vos te reís? Fijáte que eso mismo le pasó al italiano, porque decíme vos, ¿a ver? ¿qué verga estaba haciendo el hijueputa italiano en ese hotel tan lejos de su casa? Si quería turistiar ¿por qué no se quedó en Italia que dicen que es tan bonita y va tanta gente? ¿Pa’qué tenía que moverse tanto? Y como dijera el maistro Posada Carriles, aquel italiano estaba en el lugar equivocado, en el momento equivocado. Yo no lo mandé al maje a que se pusiera allí. Nothing personal, you understand? [...] Y cómo te decía, pues, al pendejo de la bicicleta seguro que le hice un favor, porque después supe que acababa de robársela, y que andaba como chiflado porque la mamá se había metido a puta, y seguro que a él ya se lo habían cogido los hermanos mayores y él se desquitaba con los más pequeños. ¿Qué vale pues la vida de un pendejo como ése? Por eso te platico que yo no soy sentimental, ni arrastro ninguna pena vieja, ni quiero desquitarme por desgracias de cuando era bicho. Yo no le guardo rencor a nadie; pero tampoco siento por nadie eso que llaman cariño. Y creo que la vida es como en la selva. Los animales más grandes se hartan a los más chicos. Así es como Dios armó este rompecabezas de la vida, y por eso a la vida hay que agarrarla como viene. [...] ¿Después? Bueno, después, cuando ya estaba seguro de que yo podía ser como el Chacal, empecé a joder gente por encargo. [...] Anjá, para los narcos. Y como siempre fui arrecho y serio en mi trabajo, un día me mandó llamar el maistro Posada Carriles… [...] ¿Cómo decís? [...] No, eso es muy largo de contar. [...] Claro, ellos me dieron un entrenamiento talegón. [...] No, yo no cometí ningún error. [...] Pues, fue la puta suerte, vos, porque ese día yo había puesto las dos primeras bombas sin ningún problema, la primera en el hotel Copacabana, donde murió el italiano, y la segunda en el Chateau Miramar, y cuando iba a poner la del hotel Tritón, se me metió un bicho español, de unos trece o catorce años… [...] Va pues, un bicho adivino, hijo de sesenta mil putas… Sí, un cipote español de este tamaño, que andaba turistiando con la familia, y fijáte vos que adivinó lo que yo iba a hacer… [...] No me preguntés cómo. Yo no llevaba escrito en la frente que iba a poner una bomba. [...] Va pues, como te estoy diciendo, no más de catorce años, y estaba sentado por ahí, y en cuanto me vio, se paró y me clavó los ojos, y vos vieras lo feyo que me miraba, como si adivinara lo que yo iba a hacer, y vos no lo creerás, pero era una mirada tan rara como si hubiera visto al diablo, que hasta me puso nervioso, pero qué carajos, como yo estaba seguro de que el cipote no podía saber lo que yo iba a hacer, seguí de largo, y como siempre, me encerré en el baño, armé mi tamalito, le puse el timing para las doce y media y salí a sentarme en el lobby, en el lugar que ya había elegido, pero ahí estaba otra vez el jodido bicho que no me quitaba los ojos de encima, y con él estaba una cipota de unos veinte años que después supe era la hermana mayor, y cuando eran ya las doce y veinte, yo me senté atrás de ellos, en un sofá que estaba arrimado a la pared, pero no del todo, y ahí, entre el espaldar del sofá y la pared, era donde yo iba a dejar la bolsa… [...] Sí, una bolsa de plástico de la Duty Free Shop donde estaba ya la bomba activada para las doce y treintidós, y entonces, pa’no llamar la atención, me pongo a mirar unas fotos que yo mismo había tomado en las calles de La Habana, ¿y vos podés creer que el hijueputa bicho se da la vuelta en el asiento y me sigue ispiando? Y yo controlando la hora, doce y veintitrés, y veinticinco, y el puñetero bicho ahí, en su asiento, con la vista clavada en mí, y yo perro ya, deseando que volara en pedacitos… [...] Pues sería su culpa, por metido, y cuando eran ya las doce y veintisiete, en un momento en que el bicho se vuelve para hablar con la hermana y que me quita la vista de encima un momento, yo dejo caer la bomba en el piso detrás del espaldar y me jalo de prisa pa’la puerta, y ahí mismo agarro un taxi y me largo a La Bodeguita del Medio, donde iba a poner la cuarta bomba, y en eso, buuuuummmm, oigo el estallido de las doce y veintinueve en el Copa, y a las doce y treinta y uno, buuuummm, suena la bomba del Chateau, y a las doce y treinta y dos buuum, la que acababa de poner en el Tritón, y yo me imaginé al hijueputa bicho volando con las patas p’arriba y me hago el pendejo y le pregunto al taxista por las explosiones, y el comemierda me dice que están dinamitando unas rocas por ahí cerca, para construir un nuevo hotel, y al llegar a un semáforo, veo a un policía con un guoquitoqui que le hace señas al taxista de que se pare a la orilla de la calle, y el hijueputa se agacha para ver qué hay adentro… [...] Sí, pues, como en las películas, y me mira con cara seria, y yo cagado, porque imagináte vos, conmigo llevaba también la bomba que iba a poner en La Bodeguita del Medio esa tarde, y si al policía le daba por registrarme… [...] Ah, sí, lo que pasó con el bicho, según me contaron después, fue que cuando vio que yo me iba, empezó a jalar de la manga a la hermana y a decirle que yo había puesto una bomba, y a formar el alboroto y a gritar que se apartaran de allí, y de pronto buuummm, el bombazo, y en cuanto llegó la Seguridad interrogaron al muchacho y parece que hizo un retrato hablado mío que resultó como una fotografía, sí, en colores y todo me sacó el jodido bicho, y esa misma tarde me detuvieron, y trajeron unos hijueputas perros, que desde que me olieron empezaron a ladrar, que parecía que me iban a hartar… [...] Sí, como si estuvieran bravísimos conmigo… [...] Pero si el bicho ese no hubiera sido tan adivino y tan metido, nunca me encuentran. [...] No no, esa misma tarde, sin ninguna dificultad puse mi última bomba en la Bodeguita, y cuando salí respiré aliviado. Ya había cumplido mi misión, y al otro día por la mañana iba a abandonar el país. Ya tenía mi boleto de regreso, con su okey y todo, en Mexicana de Aviación. Pero al llegar al hotel, la policía me estaba esperando. La verdad es que yo hice todo lo que me dijo mi instructor y no cometí ningún error. Ninguno. Fue por culpa de la puta mala suerte y del jodido bicho español.

La Habana, agosto de 2002

El 12 de julio de 1997 un mercenario salvadoreño, contratado por el terrorista de origen cubano Luis Posada Carriles, al servicio de la Fundación Nacional Cubano Americana, colocó cuatro artefactos explosivos en igual número de instalaciones turísticas en la ciudad de La Habana, antes de ser capturado.

sábado, 26 de noviembre de 2011

Frankfurt: entre Gutenberg y Steve Jobs

Rafael de Águila • La Habana

“...el libro rompe la rigidez de la época que lo estrecha...”
Heinrich von Kleist
 
Una feria descomunal
A la luz de lo factual podría descubrirse (con cierto desagrado, desde luego) que las ferias del libro no son acontecimientos “estrictamente” literarios. Acontecimientos editoriales, se diría. Y no se estaría lejos de la verdad. Se deambula por las interminables (e impecables) salas de la Frankfurt Buchmesse y no puede acusarse de fundamentalista a quien adopte esa conclusión. En Frankfurt, como en otras Ferias del mundo, se venden y se compran derechos. Los libros están ahí, resultan, digamos, el decorado. A la vera, sentados y de etiqueta, agentes y editores hacen el negocio. En puridad, Frankfurt es una feria comercial. La mayor del mundo. Como prueba de ello, algunas de las más poderosas casas editoriales desmantelan stand los dos últimos días. Son los días en los que se permite la entrada al público. El negocio concluyó. Los stands, enormes y bellos, antes tan animados por seres de etiqueta y maneras very polite, quedan desolados. El público no firma contratos. Random House Mondadori, por ejemplo, ha tapizado sus paneles de disímiles posters. Muy pocos aluden a lo literario. Yamaha, a flying dream, puede leerse en uno, en la imagen un joven hace cabriolas sobre un poderoso artefacto nipón. Quizá resulte promoción de algún nuevo thriller devenido best seller.
En el binomio autor / editorial, sostienen algunos, las editoriales ejercen al día de hoy una suerte de dictadura, en el mejor de los casos una democracia representativa. Democracia en la que el poder, desde luego, les pertenece y la representación es el mero reflejo del mercado. Si creen que un libro puede venderse se publica. Caso contrario... es el silencio. Y el autor no publicado no existe. La Feria del Libro de Frankfurt constituye el mercado más importante para libros, medios de comunicación, derechos y licencias del planeta. Por supuesto, no hay que emprenderla en modo alguno contra las Ferias. Ello resultaría absurdo y tonto. Toda fiesta de libros resulta encomiable y gratificante. Y la de Frankfurt es un tsunami. Una vastísima marea de libros como puede no haya otra en el mundo. Todo es colosal, impresionante.
El recinto ferial es el mayor del planeta. Intentar recorrerlo íntegramente puede resultar cuando no utópico sí extraordinariamente trabajoso. Son 170 mil metros cuadrados, salas enormes, muy largos corredores, todo ello estructurado en múltiples niveles, diferentes bloques. El complejo parece inabarcable. A la edición 63 de esa Feria asistieron siete mil 500 expositores de 110 países. Los visitantes excedieron los 300 mil, todo ello en unos pocos días, entre el 12 y el 16 de octubre. Las actividades oficiales sumaron unas tres mil 300. Los famosos no dejaron de merodear por los largos corredores de la Feria: Umberto Eco, Mario Vargas Llosa, el poeta sueco Tomas Tranströmer, flamante Premio Nobel 2011.
En el bello y espacioso stand argentino se organizaron paneles en los que era común escuchar a Noé Jitrick y a Mempo Giardinelli, se habló, desde luego, de Borges, y se recordó a tres figuras de las letras argentinas fallecidas en el 2011: María Elena Walsh, Ernesto Sábato y David Viñas. Las grandes editoriales de lengua española lograron los derechos de importantes obras: Alfaguara se hizo de Claraboya, novela inédita de José Saramago; Tusquest logró la nueva novela de John Irving, In one person; Anagrama se lanzó hacia las obras recientes de los ingleses Julian Barnes y Martin Amis, hacia Limonov, del francés Emmanuel Carreré, además de adquirir los derechos en español de En tiempos de la luz menguante, del alemán Eugen Ruge, obra ganadora del Premio a la Mejor novela en lengua alemana del año. Son excelentes autores. Autores que, además, venden. Afortunadamente. No venden tanto como el señor Paulo Coehlo o la señora Rawling, pero venden. El predominio de la novela frente al resto de la camada persiste. Si el argentino Jorge Luis Borges resultara hoy uno de nosotros cabría preguntarse si Alfaguara o Tusquest accederían a publicar sus cuentos. Uno prefiere pensar que sí.
La crisis financiera y económica que amenaza con asfixiar a Europa no dejó de hacerse sentir en Frankfurt: inicialmente se habló de 155 stands menos. Más tarde se aseguró haber igualado la cifra de 2010. Más de la mitad de los expositores son extranjeros. Directivos de una muy importante editorial española confiesan: “todo hoy es un riesgo, hasta con los grandes y famosos estamos enfrentando pérdidas”.
En Alemania algunas editoriales han abandonado Frankfurt para asentarse en Berlín, la poderosa Suhrkamp, casa editorial de Hermann Hesse y del filósofo Peter Sloterdijk decidió moverse en el 2009 a esa ciudad. De acuerdo con Jurgen Boos, director de la Feria de Frankfurt, la vida es más excitante en una ciudad de tres millones de habitantes que en una de 600 mil como Frankfurt. Presumo que un mercado de tres millones resulte también más excitante. Apenas unos kilómetros más allá, en la Plaza Willi Brandt, a la sombra del fastuoso rascacielos que alberga al Banco Central Europeo, se levantan las carpas de los indignados.
Una tarde me permití abandonar la enorme Buchmesse para estar en la Willi Brandt Plazt, con los indignados. Me acogieron con cariño, me invitaron a dirigirles la palabra, en Asamblea Abierta. “Será en unas dos horas”, me alertó sonriente una chica. Habría resultado indudablemente el acontecimiento de mi vida. No son pocos, sin embargo, los descerebrados que increíblemente acusan a los cubanos de dirigir ese justo movimiento global. Yo era un extranjero. Un cubano. Uno que vivía en Cuba. En mi bolsillo portaba un pasaporte con visa Schengen. Les estreché la mano, les deseé éxitos y (emocionado) regresé a la Messe.     
El libro: ¿artilugio de futuros anticuarios?
Mucho se ha hablado de la desaparición o la eterna existencia del libro. En la forma en que lo concibiera el gran Gutenberg. Soy de los románticos que prefiere creer en la eternidad del libro. El de papel, quiero decir. Lo visto en Frankfurt, no obstante, puede hacer surgir en los más furibundos defensores muy serias dudas. Para un cubano, por fuerza alejado de la magia tecnológica ultramoderna, resulta impactante ser testigo de lo que se cree fantaciencia y se levanta como incuestionable realidad.
En el 2010 un 6 % de los expositores ofreció contenidos exclusivamente digitales, más del 40 % lo incluyó junto con otros productos. En el 2011 se incrementó casi un 50 % la superficie destinada a presentaciones digitales. La Feria de Frankfurt se regodeó en conceptos tales como: E-book, Realidad Aumentada, Libros Enriquecidos, Relato Transmedial, todo sostenido no solo desde el flamante iPad, sino ahora desde novísimos dispositivos como el Kindle, de Amazon, o por el más reciente Nook, de Barnes and Noble, o por el Kobe. Apple, Samsung, Toshiba y Sony lanzan al mercado una muy amplia gama de estos artilugios. En una tableta electrónica con las dimensiones de un libro, se mixturan disímiles plataformas: fotos, filmes, glosarios, música, todo cuanto se relaciona con el texto que se lee, el “texto” es una amalgama de formatos, soportes, textos, audio, video. Lo que llega al lector es multicanal y multiplataforma. El lector deviene escuchador / visualizador. Una nueva faceta de la intertextualidad. Lo intertextual en la era de la digitalización. Kristeva, Gennette y Bajtin tendrían que referirse a ella. Y no resulta fantaciencia.
En EE.UU. la industria del libro digital reporta un meteórico avance, en los primeros nueve meses de 2011 las ventas de contenidos para dispositivos electrónicos se dispararon un 10%, es decir, un 15% del mercado editorial. El crecimiento anterior se movía entre el 1% o el 2%. Un 25% de los lectores, esos que consumen un libro por semana, han pasado en esa nación a los nuevos dispositivos. En España la industria editorial digital es todavía tímida, apenas alcanza el 3%, pero está en ascenso. En Gran Bretaña, representa el 7% del mercado editorial, mas el rate de crecimiento alcanza las tres cifras. Ante una de esas tablet se imagina el alcance descomunal que esa tecnología podría representar para la enseñanza. Las estadísticas, en cambio, aseguran al día de hoy lo opuesto. Cuanto sucede con el libro tradicional, comienza a acontecer con el digital: lo vano banal amenaza con inundarlo todo. Lo digital se concentra hoy en best seller y novelas rosas. Todo muy light. Y no basta con eso: el consorcio Seal Media, por ejemplo, acudió a Frankfurt con un juego de ordenador, una “novela” sostenía el juego, Colts of Glory, un Western, desde luego.
El texto, escrito por un empleado de Seal Media, es el preámbulo para saltar al juego de PC. Un verdadero horror que la magia de las nuevas tecnologías dirija el cúmulo de sus encantos a lo vano banal. Todo ello en nombre de las insanas orgías del Dios Mammón. Los precios de estos artilugios, indudablemente, juegan (y jugarán) un enorme papel, en la medida que disminuyan harán más accesibles esas tecnologías. La batalla de las grandes editoriales en función de preservar la cuota de mercado en cuanto a libros tradicionales ha comenzado. Sus rivales se alistan tras el ariete de la digitalización. El fantasma de la piratería asoma también la testa, en la inauguración oficial, el presidente de la Asociación de Libreros Alemanes, Gottfried Honnefelder, sostuvo que si bien “el mercado del libro electrónico es pequeño, la piratería es significativa”.
No son pocos hoy los que se inclinan a pensar que las grandes editoriales, las de los libros de papel, deberán moverse hacia una mixtura que hermane el papel y lo digital, junto a las Divisiones de Libros Tradicionales será común hallar Divisiones de Libros Digitales. El consenso: los expertos anuncian una explosión en el mercado del libro electrónico. Y ello ocurrirá, según esos augurios, en apenas unos meses. Otros, calificados de “conservadores”, vaticinan que en 2020 el 50% del mercado mundial del libro será digital. Gutenberg no lo creería. Goethe, que naciera en Frankfurt, quedaría sin palabras. Al centro mismo de la gigantesca herradura que conforma el complejo de la Buchmesse se erigió este año una aerodinámica estructura de color blanco. Sospeché remedaba una nave espacial, uno de los gigantescos artefactos de Star Treck. Algo futurista. En algún momento escuché decir se trataba de un nido. Un inmenso nido. En su interior el nido entregaba todo su enigma: “multimedia”. Se tiene la ilusión de haber viajado en el tiempo. Otro siglo. Otro planeta. Fantaciencia. Pero todo es real. En el sitio de lujo de ese nido-nave, en su mismo centro, suerte de axis mundi, sigiloso se mueve un anticuario. Allí, a la manera old fashion de la primera década del siglo XXI, se exhiben libros.
La insularidad y la grafomanía: una Feria dedicada a Islandia
La 63 Feria del Libro de Frankfurt se dedicó este año a Islandia. Una isla. La segunda mayor de Europa. La 18va. más grande del mundo. Islandia, con una población de tan solo 331 mil habitantes es, sin dudas, una nación de notable y ancestral tradición literaria. Ahí están sus sagas y sus eddas. Tiene Islandia, incluso, el honor de un Premio Nobel, Halldor Laxness, concedido en 1955. Bajo el lema de “Fabulosa Islandia” acudieron a la cita más de 40 autores de esa nación y más de 200 títulos.
El pabellón de la isla asombró por su belleza y originalidad. Arriba el visitante y es recibido por una proyección, una mujer sentada, una mujer que lee, detrás un anaquel de libros, la mujer lee en silencio, de vez en vez, sin embargo, lo hace en voz alta. En un país que escribe como pocos, el lector ocupa el sitial de honor. La lectura. Ese es el mensaje. Sin lectores no habría escritores. Dato interesante: en 2009 Islandia fue clasificada por la ONU como el tercer país más desarrollado del mundo, en 2007 ocupó el primer lugar en cuanto a Índice de Desarrollo Humano. 
Tras la crisis que hundió al país al siguiente año se sometió a referéndum el pago de la deuda contraída por bancos privados islandeses: 90 % de los islandeses se negó a asumirla. Hallgrimur Helgason, uno de los escritores islandeses de más éxito internacional, autor de la famosa novela 101 Reikiavik, resumió así la condición literaria de los islandeses: “...intentas realizar algo que tenga permanencia, como la literatura, por ejemplo. Quizá porque nuestro país está en continuo cambio y no puedes nunca saber si una casa seguirá estando ahí mañana, puede ocurrir un terremoto o el estallido de un volcán…”. He ahí el misterio: la literatura como permanencia. Como reto a la realidad. Dominadora de la realidad. Idéntico espíritu animó a aquellos que miles de años antes dibujaron en la pared de una caverna. Literatura no solo como mimesis sino como hálito genésico. Pienso en Cuba, en Irlanda. Islas: hálito genésico. Alguna vez Samuel Beckett trazó un paralelo entre insularidad y literatura. Puede que la muy virgiliana maldición del agua por todas partes no haga sino empujar hacia las letras. Animarlas. Sostener mundos. Levantarlos sobre las aguas. Sobre el tiempo.      
La nueva literatura cubana: ausente de las grandes editoriales
Dos actividades se programaron para la reducida delegación cubana. La primera: la presentación de la Feria del Libro de La Habana 2012. Los colegas del diario Junge Welt pusieron a nuestra disposición su vasto stand y sus medios audiovisuales. “Todo cuanto necesiten”, aseguraron. Esa tarde fuimos presentados por el director de ese diario. Asombraba la nutrida asistencia de público. Ya antes del viaje, y durante los primeros días de la Feria, los colegas alemanes habían dedicado sus esfuerzos a promocionar esas actividades. Alemanes, sudafricanos, kurdos, turcos y latinoamericanos se reunieron allí aquella tarde. Al final se brindó con Cuba Libre. Los que acudieron se negaban a que la actividad concluyera. Quedaron allí, hablando, riendo, inquiriendo, prometiendo que viajarían a Cuba. Pronto. Sin falta. El sudafricano, de origen hindú, le cuenta a la bella periodista kurda acerca de la participación de Cuba en África. Alcanzo a entender que muchos cubanos perdieron allí la vida. La muchacha kurda, emocionada, quiere saber si es cierto. Lo confirmo. El sudafricano menciona, incluso, el nombre de Cuito Cuanavale. La muchacha promete visitar Cuba pronto. “Soy una kurda curda”, me dice, en inglés, y levanta el vaso que, entre hielos y tintineante, contiene el Cuba Libre.
En el pasado Festival de la Juventud y los Estudiantes, me cuenta, un cubano la inició en el significado de la palabra. La muchacha me pide que lo explique a todos. Lo hago y todos ríen. La chica levanta otra vez su trago. Se brinda por Cuba, por la amistad, dicen todos. El último día de la Feria se planificó la conferencia “La literatura cubana en el nuevo milenio, presentación del autor Rafael de Águila”. Así podía leerse en la pantalla de la sala Fórum Dialog. También en el folleto de actividades.
De acuerdo con lo establecido, debía presentarse mi libro, Premio Alejo Carpentier de Cuento 2010. El azar me había colocado allí, sin embargo, para representar a la literatura cubana. Representar a los cientos de colegas que habían quedado en la Isla. A todos. A los que un día escribieron e infortunadamente han fallecido. Somos (y seremos siempre) sus deudores. A los cientos de colegas que hoy escriben en Cuba y no tenían la oportunidad de estar esa tarde en Frankfurt. No valía presentar un libro o a un autor. Era menester presentarlos a todos. Presentar una literatura. Una literatura fuerte y pujante. Se deja en cuerpo de ser uno para en alma ser inevitablemente todos. Resultaba imprescindible aprovechar aquello en función de la literatura cubana. Asistieron muchos. No sin asombro descubrí la sala llena. En el corredor lateral se agolpaba público. Algunos tomaban notas. Indudablemente los colegas alemanes lo habían hecho muy bien. Tomé mi libro, lo mostré a todos y anuncié que no lo presentaría. Presentaría la fuerza y la pujanza de la literatura cubana. Literatura a la que me debo, dije. Desde Espejo de paciencia bosquejé el derrotero. Mencioné a los grandes. A los canónicos. Independientemente de sus credos, incluso, de sus odios. Por eso allí, en Frankfurt, tuve el honor (y la emoción) de mencionar a Alejo Carpentier y a José Lezama Lima junto con Guillermo Cabrera Infante y a Reinaldo Arenas. Y me adentré en la nueva literatura cubana. En su mayor porción desconocida e ignorada por las grandes editoriales. Tendencias, características, autores, obras. Fuerza, mucha fuerza. Muchas de esas obras estaban allí mismo, sobre la mesa.
Nunca antes, dije, en Cuba se ha escrito tanto como hoy. Nunca antes tantos escritores. Tantas obras. Y nunca antes la literatura cubana ha sido tan olvidada e ignorada por las grandes editoriales. Esa enorme profusión de autores y obras es desconocida, salvo excepciones, por el lector de otros países. Alguien pregunta, en español, “cuándo los escritores cubanos podrán ser conocidos en el extranjero”. “Cuando las editoriales acá presentes los publiquen”, fue la respuesta. La literatura es regida de alguna manera por las editoriales. Y las editoriales por el mercado. Y el mercado, los europeos lo saben bien al día de hoy, sostuve, padece sus males. Para las editoriales el libro, desde luego, es una mercancía. Debe venderse. Son reacias a los riesgos, en especial en mitad de la crisis que agita hoy a Europa.
A mi lado Petra, una alemana excepcional, traduce mis palabras al alemán. Estudió en Cuba, en la década de los 80. Una anfitriona como pocas. Una hermana. Me despido con una frase de Goethe, del Fausto, “lo eterno femenino nos empuja hacia lo alto”, me atrevo a pronunciarla en alemán, mi alemán desvencijado. Todos sonríen. Yo pido disculpas: me he adentrado en Goethe sin acercarme siquiera a la pureza del idioma. El público aplaude y se abalanza sobre la mesa. Quiere libros. Verlos. Hojearlos. Tenerlos. Todos desean intercambiar, preguntar, saber. Una cubana que dice haber conocido a Reinaldo Arenas me abraza. Los conocí a todos, dice. Se ha consumido el tiempo, sin embargo. Los organizadores tienen previsto en la sala una nueva conferencia. Así lo hacen saber. Las conversaciones y preguntas prosiguen en los largos pasillos de la Frankfurt Buchmesse.
FRANKFURT: el “Vado de los Francos”. La ciudad. Su gente
En la ciudad viven apenas 670 mil habitantes. Ante sus rascacielos causa asombro que no resulte más poblada. Entre los rascacielos destaca la MainTower, también el Commerzbank, el tercer edificio más alto de Europa. Dominando el aire se alza la bella EuropaTurm, la segunda estructura más alta de Alemania. A pesar de la reducida población, Frankfurt es la mayor ciudad del Estado de Hessen, la quinta ciudad más grande de Alemania. Por vez primera se le mencionó en un documento en el año 794.  
El más viejo de los distritos, Sachsenhausen, famoso por sus sidras, era ya harto conocido en el 1193. El emperador Carlomagno residió en esta ciudad. Desde el 1356 los monarcas del Sacro Imperio Romano fueron elegidos allí. La Plaza Römerberg, con su catedral gótica del siglo XI y su ayuntamiento del XIV, es cita obligada. Durante la Segunda Guerra Mundial los bombardeos aliados redujeron buena parte de la ciudad a escombros, especialmente el casco histórico. La mayoría de lo que hoy deslumbra fue reconstruido. Los primeros rascacielos se erigieron en la década de los 50. La ciudad, atravesada por el río Main, exhibe sobre esas aguas más de una veintena de bellísimos puentes. Las márgenes no son menos bellas. Allí, a orillas del Main, pueden visitarse, uno a continuación del otro, 13 museos, los alemanes llaman a esa zona Museumsufer.  
Por doquier hay bancos, se dice que la ciudad es sede de 370 bancos, de ellos casi la mitad son extranjeros. Acá está la Bolsa Alemana, allá el Bundesbank, el Banco Central del país. Más que literaria, Frankfurt es una ciudad financiera. El corazón financiero de la Unión Europea. No falta quien (aprovechando la conjunción de New York, el río Main y los rascacielos) la llame Mainhattan. Es también una ciudad multicultural, por doquier se encuentra a turcos, afganos, kurdos, antiguos yugoslavos, latinoamericanos, coreanos.  
El metro deslumbra por la impecable eficiencia. Son disciplinados los alemanes. Alguno empuja. Es la excepción. Muchos viajan leyendo. No es raro ver a alguna pareja joven que se arrulla; frente a mí un joven habla a una chica, ella lo mira, con devoción, también con algo de picardía, me esfuerzo mas no logro traducir una palabra, al final la chica lo abraza, fuerte. Yo sonrío, en todos los sitios la naturaleza humana es la misma. Jamás en ciudad alguna he sido tan bien recibido como en esta. Tenía el criterio, maniqueo y absurdo, que los alemanes eran fríos. Otros podrán serlo. Los que tan familiarmente nos atendieron cada día, no. Amables, solícitos, amistosos, alegres, hospitalarios, muy familiares. Excelentes anfitriones. Más que eso: amigos de toda la vida. Hermanos. No olvidaré jamás la inigualable acogida en casa de Petra; la excelente velada en casa de Annette; la camaradería de los colegas del diario Junge Welt; la muy emotiva reunión en el club Voltaire. Un mediodía, invitado de Annette, visité la casa natal de Goethe. “En esta mesa escribió Los sufrimientos del joven Werther”, anunció ella. El título lo pronuncia en alemán, no ha logrado traducirlo al español. Mi rudimentario alemán (y la presunción) me ayudaron a entenderlo. Me acerqué. Aquí Goethe concibió ese amor tremebundo por Lotte, un amor que llevó al suicidio al amante, que provocó una inmensa ola de suicidios en la romántica Europa de la época. Yo era apenas un adolescente cuando leí esa novela. También yo terminé amando a Lotte. Dotándola del rostro de la chiquilla que por aquel entonces me lastraba el sueño. Rocé la mesa. La palpé. Ciertas oquedades delataban la huella falaz del tiempo. La emoción me llegó. La muy tudesca (y supuestamente fría) Annette no dejó de advertirlo. Sonrió, movió la cabeza a un lado y otro: “ah, mein lieber freund”,1 dijo, y un líquido raro le anegó también a ella los ojos.        
Adiós, Frankfurt: Auf Veidersehn
Las ferias en Frankfurt eran ya famosas en la Edad Media. Han transcurrido más de 800 años, hoy el centro de exposiciones de la ciudad es el mayor del mundo. Los estilos Art Nouveau, Bauhaus y posmoderno se alternan en las diez salas y el centro de convenciones. En total son 578 mil metros cuadrados. Monumental. A un lado del recinto ferial se levanta la MesseTurm, la Torre de la Feria, un imponente rascacielos de metal. Se dice que esta, la del libro, es la pionera entre las de su tipo en el mundo.
En mitad de esa inmensidad, en la sala 5.1, estuvo Cuba. Un stand muy pequeño. Al frente, el soberbio stand de Random House Mondadori, atizado de posters. A salvo de todo nacionalismo, manía de primates, según Borges, siempre tuve la impresión de que el nuestro era más visitado. A un costado se ha colgado la bandera. Cubanos residentes en Frankfurt se acercaron, “años que no voy a la patria”, dijeron. Se detuvieron ahí, hojearon libros, preguntaron. Alguna vez se pronunció una palabrota, uno casi me abraza: llevo mucho tiempo sin escuchar esa palabra, dijo. Nunca dejaron de mirar la bandera. Los ojos entonces se les tornaban raros. Alguien, en inglés, dice que quiere comprar la bandera. How much the flag? Se presenta como jefe de una delegación. He olvidado el país. La bandera no se vende, es la respuesta. El hombre dice entenderlo y se disculpa.
Frankfurt ha quedado detrás. Fueron muchas las emociones y muchos los asombros. Entre ellos conversar con Mario Vargas Llosa. También, ya más largo y relajadamente, con Mempo Giardinelli. El otoño inundaba la ciudad que comenzaba a sentirse muy fría. La Feria del Libro de Frankfurt, la más grande del mundo, ha concluido. Hasta ella llegó una vez más con sus ecos y sus nombres, que es decir su magia, la literatura cubana. No creo que las editoriales off shore dejen de ejercer su dictadura. Lo trascendente, me digo, será siempre escribir. Quizá en el 2020 esta resulte una feria de libros digitales. Tal vez en lugar de libros de papel, cada stand exhiba relucientes y pequeños artefactos.
Pienso en la frase de Heinrich von Kleist, “el libro rompe la rigidez de la época que lo estrecha”. Una bella frase, sin duda. En no pocos aspectos nuestra época denota cierta rigidez. La ciencia y la tecnología, en cambio, se mueven con escalofriante dinamismo. Soy un romántico. Creo en el libro de papel. Es un objeto entrañable. Desaparecerá, escuché decir a alguien en Frankfurt, como los dinosaurios. Por mi parte prefiero pensar que el libro estará siempre, quien ama se niega a aceptar la desaparición de lo amado. Mas quién sabe… tal vez los amantes del libro, ese adminículo que nos legara Gutenberg, en apenas unos años debamos acostumbrarnos, nostálgicos y devotos, a visitar al anticuario.            
 
Nota:

1.    “Ah, mi querido amigo.”