
Entre los primeros mensajes que llegaron a mi correo, el 1ro de enero, estuvo el de este amigo que ahora publico invitándome a hacerme eco de una de las causas más nobles a la que podemos sumar nuestra creación. Soy de los que no conciben el jolgorio del paso de un año a otro sin pensar en la patria —la de la revolución cubana, la de la integración latinoamericana, la de la justicia, y hasta la supervivencia de la humanidad. Sé que no están de moda las ideas, ni la solidaridad en el mundo globalizado consumista, que trata de pintar como retrógrados a los que luchan —siempre han intentado quitarse de encima a los rebeldes con sus modas de evasión y sensiblería efectista, hueca; y así mismo sé que una red de herejes crece a cada instante a favor de los pobres de la tierra, enfrentando el descerebramiento mediático universal. Por eso, con ese placer de ser útil, felicito a mis amigos con este mensaje de un hermano, que incluye un fragmento de poema y un artículo que me rebotó firmado por Ricardo Alarcón, para extender la cadena de voces por la libertad de los cinco (ya se sabe que René, aunque entre nosotros, sigue con el alma presa, hasta tanto no salgan sus hermanos). También va en este mensaje el recuerdo enamorado para Nelson Mandela y las luchas suyas que hicimos nuestras contra el racismo, y un recuerdo para nuestros hermanos que murieron combatiendo por esos sueños justicieros en África, y también para los que regresaron ilesos (aunque no hay guerra de la que se sale sin heridas al menos en el alma) y hoy andan como los más humildes hermanos, celebrando entre algún traguito, un pedazo de puerco asado, bailando o jugando dominó. Para esos héroes que se nos han vuelto cotidianos también el abrazo de estas ideas. Aquí va el mensaje del amigo: