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jueves, 6 de noviembre de 2014

Cogí Cajita

(tomado de La Nueva Réplica)

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Recibí hace ya meses un mensaje inquietante. ¿Cuándo, preguntaba el interesado, comenzaron las cajitas de comida? Esto es, en qué momento empezaron, en eventos privados y públicos, a utilizarse esos recipientes para servir el refrigerio. Otra pregunta se incluía en el texto de aquel correo electrónico, y está más difícil de responder. ¿Era frecuente, antes de 1959, que los restaurantes hicieran su oferta en cajas de cartón? En una época en la que no existían las llamadas charolas, esos prácticos termo envases de plástico o poli espuma, ¿de qué medios se valía el cliente si quería llevar a su casa porciones de comida ya elaborada? Había una tercera interrogante. ¿Cómo se repartía el buffet en la celebración de un cumpleaños, una fiesta de 15 digamos, o en una boda?

El tema, ya de por sí, es interesante. Más aún, porque como dice Tere Castillo en su libro Nostalgia cubana, las cajitas de fiesta pasaron al habla popular y se instalaron en el imaginario colectivo. «Cogió cajita» o «Llegó tarde al reparto de cajitas», son frases que se emplean metafóricamente para indicar que alguien tuvo buena o mala suerte.

Precisemos enseguida que una buena cajita —de cumpleaños o de cualquier fiesta— debe contener ensalada fría, dos o tres croquetas pequeñas, un bocadito de jamón y queso, por mínimo que sea, y el inevitable pedazo de cake. Otras, que ofertan establecimientos privados a un precio que fluctúa entre 25 y 50 pesos, puede incluir arroz congrí o moro, bistec de cerdo, ensalada y alguna vianda frita.

viernes, 11 de enero de 2013

La isla española que lucha por comunicarse silbando


(Nota mía: creo una buena idea para rescatar y mantener tradiciones.)


Aún faltan varias horas para que caiga la tarde en La Gomera, una de las islas más pequeñas del archipiélago canario.

¿Qué es el silbo?

Eugenio Darias, silbador
  • Es un lenguaje sustitutivo formado por dos vocales y cuatro consonantes que imita al español hablado
  • Puede transmitir un mensaje a una distancia de hasta 3 Km
  • Se usa para enviar mensajes simples, como: ven, tráeme un kilo de tomates. Juan está enfermo, llama al doctor
  • El contexto es fundamental, porque muchas palabras se silban de la misma manera
  • Se cree que vino de África con los primeros pobladores prehispánicos
  • En 2009 fue declarado por UNESCO patrimonio cultural inmaterial de la humanidad

Desde lo alto de un cerro veo a lo lejos un caserío disperso. A mi derecha, una hilera de árboles negros que guardan el recuerdo de los incendios que azotaron a esta isla el último agosto.
Cierro los ojos para no seguir distrayéndome con el paisaje y trato de escuchar: estoy intentando distinguir entre eco del viento y el ruido de los autos que de tanto en tanto pasan por la carretera los sonidos del silbo gomero, un antiguo lenguaje de silbidos que los isleños me aseguran que todavía se usa.
Este lenguaje que remplaza al español con dos vocales y cuatro consonantes silbadas tiene una peculiaridad que se adapta perfectamente a este paisaje de valles profundos y abruptos barrancos: tiene la capacidad de recorrer hasta tres kilómetros de distancia.
"Antes, cuando se prendía fuego en el monte -algo que sucede con cierta frecuencia en la isla- la Guardia Civil nos venía a buscar. Y sin importar lo que estuviésemos haciendo nos llevaba en el camión para apagar el incendio", me cuenta Lino Rodríguez, un viejo silbador con la voz rota de tanto fumar.
"Entonces, para que no nos llevara, nos pasábamos el mensaje entre nosotros silbando: ¡escóndete que ahí te viene la guardia a buscar! Y como ellos no sabían silbar, no entendían lo que decíamos y no nos podían encontrar", recuerda.
Y se apresura a aclarar, "es que el dinero para apagar el incendio en ese entonces se lo guardaban el ayuntamiento y los alcaldes, y a nosotros no nos pagaban un duro".
"Lo que sucede es que aquí, además, no se aprendió a silbar por lujo sino por obligación, por necesidad. El que no sabía tenía que caminar para dar un mensaje. Y como las casas están lejos y aquí no había carreteras ni teléfonos, silbar era más fácil que ir a tocar la puerta", le dice a BBC Mundo.