lunes, 10 de octubre de 2016

Diez de Octubre de 1868: No sueño, es un grito de guerra


Por: Fernando Martínez Heredia, Ismael Francisco           


Museo en las ruinas del Ingenio La Demajagua. Foto: Ismael Francisco/Cubadebate.
Museo en las ruinas del Ingenio La Demajagua. Foto: Ismael Francisco/Cubadebate.


El 10 de octubre de 1868, el abogado patriota Carlos Manuel de Céspedes (1819-1874) liberó a sus esclavos y alzó en armas a los cubanos, primer hecho fundacional de las Revoluciones de Liberación Nacional de Cuba. El repique de la campana de su ingenio La Demajagua, Manzanillo, en el oriente del país, significó hace 145 años un triunfo de las ideas independentistas, frente al integrismo hispano y las corrientes reformistas y anexionistas. Cubadebate recuerda este hecho con un texto del intelectual cubano Fernando Martínez Heredia:

Carlos Manuel de Céspedes les exigió a sus compañeros ponerse de pie, y el 10 de octubre de 1868 destrozó los imposibles.

Por eso José Julián Martí, un muchacho habanero, comenzó así su poema: “No es un sueño, es verdad, grito de guerra…” Los iniciadores destruyen imposibles; los revolu­cio­na­rios aprenden a domarlos y a trabajar con ellos. Los mambises que sostuvieron la pelea en más de media Cuba durante diez años tuvieron que volverse superiores a ellos mismos, no solo a sus circunstancias.

Céspedes liberó a sus esclavos la primera mañana, pero el cálculo político, los valores heredados y el racismo les ponían obstáculos a la justicia en el amanecer de la libertad. Martí escribió, veinte años después: “aquella arrogante e inevitable alma de amo con que salieron los criollos del barracón a la libertad (…) como atolondró al espantado señorío la revolución franca e impetuosa”.


La independencia y la abolición tuvieron que fundirse y ser una, la forma de gobierno tuvo que ser republicana y reunir la libertad personal y las libertades ciudadanas. Para hacer realidad la hasta hacía poco impensable identidad nacional y poder reconocerse como cubanos, todos, líderes y pueblo, tuvieron que recorrer un camino largo y muy difícil.

La guerra revolucionaria cambió los términos de los problemas. Ella se alimentó del sacrificio, el heroísmo y la participación de muchos miles de personas humildes, hombres, mujeres, familias. Dar la vida, pasar hambre y todas las escaseces, combatir, perseverar, todas las formas de la entrega y el altruismo se hicieron cotidianas.

La bandera del triángulo rojo y la estrella solitaria se volvió sagrada, y la marcha, el campamento, el héroe, el amado y la amada, la jornada de sangre y de muerte, se expresaron en canciones. Próceres y pobres de todos los colores aprendieron que la rebeldía les daba a sus luchas y sus necesidades más sentidas probabilidades de éxito. Y todos aprendieron a sentirse hermanos mientras compartían todas las vicisitudes. En aquella fragua tremenda nació la identidad nacional cubana, de contenido y objetivos populares.

(Fragmentos de Los más humildes también crearon la nación, de Fernando Martínez Heredia)



Museo en las ruinas del Ingenio La Demajagua. Foto: Ismael Francisco/Cubadebate.


Museo en las ruinas del Ingenio La Demajagua. Foto: Ismael Francisco/Cubadebate.


Museo en las ruinas del Ingenio La Demajagua. Foto: Ismael Francisco/Cubadebate.


Museo en las ruinas del Ingenio La Demajagua. Foto: Ismael Francisco/Cubadebate.


Figura de Carlos Manuel de Céspedes del Castillo, en el Museo de Cera de Bayamo. Foto: Ismael Francisco/Cubadebate.


En la Plaza del Himno de Bayamo. Foto: Ismael Francisco/Cubadebate.


Un niño representado a Carlos Manuel de Céspedes del Castillo en Plaza del Himno de Bayano. Foto: Ismael Francisco/Cubadebate.


Casa Natal de Cespedes en Bayamo.


Casa Museo en el Ingenio La Demajagua. Foto: Ismael Francisco/Cubadebate.


Parque de Bayamo. Foto: Ismael Francisco/Cubadebate.

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