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domingo, 4 de noviembre de 2018

Nicaragua y la ofensiva neofascista de Estados Unidos

Por: Fabián Escalante



Daniel Ortega. Foto: Reuters.

En abril del año en curso, los cintillos de los periódicos y medios informativos mundiales reportaron el estallido de una “revolución” en Nicaragua contra el gobierno del Frente Sandinista encabezado por el comandante Daniel Ortega.

Hasta entonces y por 11 años, el gobierno de ese país, legítimamente electo, en sufragios supervisadas por organismos regionales, había ejecutado un amplio proyecto para reducir la pobreza, insalubridad y analfabetismo existente, también numerosos programas sociales en beneficio de la población rural y urbana. Carreteras, caminos, acueductos y un amplio sistema eléctrico fueron construidos y un sólido frente social, con la participación de los sindicatos, los empresarios y el Estado reguló las relaciones económicas y políticas entre ellos, priorizando el beneficio de los sectores pobres y desprotegidos del país.

La seguridad ciudadana proporcionada por una policía y un ejército (formados en la guerra librada contra el Imperio) han combatido sistemáticamente al tráfico de drogas y a las maras regionales, proporcionado una seguridad no existente en ninguno de los países del aérea y probablemente de otros confines del continente.

La diversidad de corrientes políticas y religiosas y una libertad de palabra y reunión, expresada en numerosos medios de prensa, televisivos y radiales, caracterizaron estos años de gobierno. En la Asamblea Nacional están representadas todas las corrientes políticas que obtuvieron el voto popular, las que aportaron al periodo trascurrido un balance necesario para el desarrollo económico sostenido que el país experimentó, materializado en el crecimiento del 4% anual del PIB.

miércoles, 13 de junio de 2018

De la “asistencia” a la subversión

Por Francisco Arias Fernández



Medios de prensa internacionales han documentado la participación de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID); la Fundación Nacional para la Democracia (NED), el Instituto Nacional Democrático (NDI), así como sus subcontratistas o filiales, que venían trabajando meticulosamente en reinventar el “nuevo liderazgo”, colándose o infiltrándose, selectivamente en sectores clave de la economía, la juventud, los estudiantes, medianos y pequeños empresarios, grupos ambientalistas, feministas, entre otros, para socavar las bases de apoyo al gobierno de Nicaragua.

Resulta muy revelador que el 16 de abril del presente año, montado en el mismo guión de los congresistas anticubanos que promovieron la guerra económica con la “Nica Act” en 2016, el administrador de la USAID, Mark Green, anunciara que su gobierno continuará apoyando la participación “libre, segura y genuina” de la sociedad civil nicaragüense, tras manifestar que “Estados Unidos sigue con preocupación el cierre de espacios democráticos en Nicaragua, las sistemáticas violaciones a los derechos humanos y la propagación de la corrupción del gobierno del designado presidente Daniel Ortega”.

“Nuestra máxima prioridad es empoderar la participación libre, segura y genuina de las organizaciones independientes de la sociedad civil, cuyos miembros arriesgan sus vidas en la búsqueda de la transparencia y otros derechos y libertades fundamentales”, añadió el funcionario.