miércoles, 12 de junio de 2013

Subiendo la loma

Por Alfredo Prieto

Cuba Insight (CI), el mayor proveedor de los viajes pueblo-a-pueblo autorizados por la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC, por sus siglas en inglés), acaba de anunciarlo: el interés de los norteamericanos en viajar a la Isla se ha incrementado entre un 10 y un 15% después de la experiencia de Beyoncé y Jay-Z el pasado mes de abril, lo cual colocó nuevamente a Cuba en planos estelares en los medios de difusión. “Ha tenido un impacto enorme. De repente se activaron todos los resortes, incluyendo nuestro centro de llamadas, nuestro sitio web, nuestro blog y nuestra página de Facebook. La gente, curiosa, buscaba información en Google. El debate se puso al rojo vivo, al igual que la conciencia de las personas respecto a este tipo de viajes”, declaró Tom Popper, presidente de CI.

Tres jinetes del Apocalipsis quisieron ir por lana y salieron trasquilados, a pesar del impacto que había tenido dentro de la administración Obama el cabildeo de uno de ellos, Marco Rubio, cuando meses atrás había amenazado con bloquear a Roberta Jacobson, nominada como subsecretaria de Estado para Asuntos Latinoamericanos, si no se tomaban medidas más estrictas a la hora de otorgar las licencias. En una audiencia del Senado, Rubio habló de los “abusos rampantes” de los programas pueblo-a-pueblo, además de considerarlos “una charada”. También dijo que “Cuba no era un circo en el que uno paga por el ticket de admisión”. Pero toda esta andanada, en definitiva, conduciría a un quid pro quo en el que la palabra “turismo”, como el diablo en el Medioevo, no podía ni mencionarse, y a enfatizar la frase “interacción significativa con el pueblo cubano”, repetida casi hasta el cansancio durante el viaje de la megapareja. La cuestión redundaría en un cuello de botella en las aplicaciones del que casi todos los interesados se quejaban en el verano de 2012, consistente en apretar las regulaciones y por tanto añadir más controles a los que ya existían previamente.


Con Rubio se está en presencia de un discurso que choca con ciertos valores y percepciones actuantes en la cultura norteamericana. En cuanto a Cuba, dos de sus componentes son su férrea oposición a la libertad de viajar, un derecho constitucional de larga data, y la defensa a ultranza de un bloqueo/embargo que pierde cada vez más terreno en las encuestas de opinión, aunque se sepa de antemano el nulo impacto de estas sobre una política obstinada y enclaustrada en sí misma, como el bicho dentro del caracol, a pesar de las sucesivas votaciones en Naciones Unidas y de las posiciones de los actuales gobiernos latinoamericanos. 

En efecto, las proyecciones públicas del golden boy republicano no dan cuenta de cosas tales como por qué los norteamericanos pueden viajar libremente a países comunistas como China y Vietnam, e incluso a Irán y Corea del Norte --dos de los súcubos de la hora-- y no a Cuba, territorio con numerosos enlaces históricos y actuales con la cultura norteamericana que van más allá de la política, y que, para colmo, está ahí como al alcance de la mano, a unos escasos 45 minutos de vuelo.

 Pero hay en su discurso otro ideologema quizás más grueso, según el cual esos viajes “bordean el adoctrinamiento de norteamericanos por parte de funcionarios del gobierno de Castro”, lo que los deja bastante mal parados al equiparar sus valores, cultura política y convicciones a merengues expuestos durante una semana o diez días al cálido sol tropical. Es como acusarlos de ser “débiles ideológicamente”. O de sucumbir ante el “diversionismo ideológico”. Tanto el diccionario de la Real Academia de la Lengua como el Webster definen el verbo “adoctrinar”/“indoctrinate” como “instruir a alguien en el conocimiento o enseñanzas de una doctrina, inculcarle determinadas ideas o creencias”. 

El anuncio de CI no sorprende demasiado porque resulta consistente con las estadísticas: se ha venido produciendo un continuo incremento de viajeros procedentes de los Estados Unidos, por oposición a mercados como el español, históricamente uno de los platos fuertes, pero ahora golpeado por la crisis. Según la firma de investigación de mercado The Havana Consulting Group, durante los últimos cuatro años los pasajeros procedentes del Norte se han comportado de la siguiente manera: en 2009, vinieron un total de 387 454  (52 455 norteamericanos y 334 999 cubano-americanos); en  2010, 472 611 (63 049 y 409 562); en 2011, 513 850 (73 566 y 440 284) y un estimado de 579 048 al cierre de 2012 (103 112 y 475 936). Traducido al lenguaje de los hechos, significa que los Estados Unidos constituyen hoy los segundos emisores de viajeros a Cuba, superados solo por Canadá. Y en el caso de los cubano-americanos, hay que retener un dato congruente con lo que ya se conoce: casi el 85% emigró del país a partir de los años noventa. 

“El circo está allá en la Florida” --me dijo una vez un norteamericano de un grupo people-to-people ajeno a todo radicalismo, y sin haberse reunido ni con un solo funcionario del Gobierno o el Partido. En mayo, Beyoncé declaró desde Londres a la cadena ABC: “fue un viaje muy lindo. Conocí algunos niños increíbles. Visité algunos empresarios increíbles. Fue en verdad muy educacional para mí. Aprendí mucho sobre la gente y sobre el país”. Y refiriéndose al ruido ambiental del lobby cubano-americano, dijo: “Fue realmente muy chocante”. 

Maravillas de la comunicación social, que a veces funciona como un boomerang: se puede pretender llegar al objetivo A y terminar en Z sin quererlo ni buscarlo. 

El contacto directo con la manzana prohibida --qué duda cabe--, ayuda a subir la loma.

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