lunes, 2 de febrero de 2026

CARTA PÚBLICA A LOS OBISPOS CATÓLICOS CUBANOS

Desde el Evangelio, desde la emigración, con Cuba en el corazón

A los Obispos Católicos de Cuba,

al pueblo cubano,

y a todos los hombres y mujeres de buena voluntad:

Les escribo como cubano y como cristiano. Vivo fuera de la Isla, pero mi palabra nace del Evangelio y del sufrimiento concreto de mi pueblo. La distancia geográfica no diluye la responsabilidad moral, ni apaga la memoria, ni anestesia la conciencia cuando la injusticia se vuelve estructural.

He leído con respeto el Mensaje de los Obispos Católicos de Cuba del 31 de enero de 2026. Lo hago con profunda preocupación, porque el momento que vive Cuba no admite ambigüedades morales, ni palabras que, aun con intención pastoral, puedan terminar favoreciendo al poder que hoy la asfixia.

1. El Evangelio no es neutral ante la injusticia

Jesucristo no fue neutral frente al sufrimiento causado por estructuras de dominación.

El Evangelio no llama a la equidistancia cuando existe una relación profundamente desigual entre opresores y oprimidos.

«El Espíritu del Señor está sobre mí… me ha enviado a anunciar la Buena Noticia a los pobres, a liberar a los oprimidos» (Lc 4,18).

El pueblo cubano no vive simplemente una “crisis interna”. Vive bajo una política sistemática de asfixia económica, sostenida durante décadas por el Estado más poderoso del planeta, con impactos directos sobre la alimentación, la energía, la salud y la vida cotidiana.

Eso no es una abstracción: es una realidad concreta que hiere cuerpos y desgasta almas.

2. Cuando el silencio termina protegiendo al agresor

El Mensaje episcopal menciona las “medidas económicas restrictivas impuestas desde fuera”, pero no nombra con claridad al responsable, no exige explícitamente el levantamiento del bloqueo, y desplaza el eje hacia “cambios internos urgentes”.

En el contexto actual, ese desplazamiento termina cargando sobre la víctima un peso que no le corresponde.

Jesús fue severo con quienes actuaban así:

«Cargan a los hombres con pesos insoportables y ustedes no los tocan ni con un dedo» (Lc 11,46).

3. “Que Cuba se abra a su propio pueblo”: una frase que no es inocente

La afirmación “que Cuba se abra a su propio pueblo” no puede separarse del uso histórico y político que se ha hecho de ella.

Es una consigna largamente empleada por quienes, desde fuera, promueven el colapso interno como vía para imponer un proyecto ajeno.

Desde el Evangelio, la pregunta ética es clara:

¿cómo pedir apertura, reformas y resultados mientras se mantiene el cerco que impide respirar?

«¿Quién de ustedes, si su hijo le pide pan, le dará una piedra?» (Mt 7,9).

El bloqueo es esa piedra. Y no se puede hablar de amor cristiano ignorando esa realidad.

4. El riesgo de caos social no es casual ni espontáneo

Alertar sobre un posible caos social es legítimo. Pero callar que ese caos es inducido deliberadamente desde fuera, forma parte del problema.

Las sanciones no buscan “mejorar la vida del pueblo”, buscan desesperarlo, romper sus vínculos, enfrentar a los de abajo entre sí. No decirlo con claridad es incompleto, y la verdad incompleta también hace daño.

5. No todas las “partes” son iguales

El Mensaje habla de “todas las partes” y de “intereses de parte”.
Sin embargo, no todas las partes tienen el mismo poder ni generan el mismo sufrimiento.

El Evangelio no diluye responsabilidades cuando existe una relación de dominación. Jesús no murió por un desacuerdo entre iguales, sino porque un imperio, consciente de su inocencia, decidió sacrificarlo para preservar el orden establecido.

«Pilato sabía que se lo habían entregado por envidia» (Mt 27,18). Saberlo y aun así entregarlo es lo que el Evangelio señala como injusticia.

6. Martí no puede citarse sin su antiimperialismo

Invocar a José Martí sin recordar su denuncia frontal del imperialismo estadounidense es despojarlo de su esencia.

«Viví en el monstruo y le conozco las entrañas».

El amor martiano fue profundamente antiimperialista, no ingenuo ni funcional al poder que domina. Invocarlo sin esa verdad es desarmarlo.

7. La opción por los pobres exige coherencia radical

No basta con decir que se ama a los pobres si no se denuncia con firmeza la política que los empobrece.

Las sanciones que afectan alimentos, medicamentos y energía matan lentamente.

Eso también es violencia.

«Lo que hicieron con uno de estos pequeños, conmigo lo hicieron» (Mt 25,40).

8. Una palabra necesaria, pero insuficiente para esta hora

Este es un momento extremadamente peligroso para Cuba. La amenaza externa es real. El sufrimiento es real. La intención de provocar un colapso interno es real.

Por eso, desde la fe cristiana, desde la emigración y con Cuba en el corazón, creemos que hoy la Iglesia está llamada no solo a acompañar, sino a denunciar con claridad profética, a nombrar al agresor, y a defender sin ambigüedades la vida del pueblo.

El Evangelio no pide equilibrio entre David y Goliat. Pide ponerse del lado de la vida amenazada.

«La verdad los hará libres» (Jn 8,32).

Pero la verdad incompleta también esclaviza.

Con respeto, con dolor y con amor por Cuba,


B. Th. José Conde M.

2 Febrero de 2026

Día de la Candelaria. 

Porque Cristo vino a traer luz y no oscuridad